lunes, 18 de enero de 2010

Miedos



" La calle es mi mayor miedo, me siento inseguro y me dan miedo los coches y las personas.
Cuando llego a casa me voy derecho a mi habitación, donde me refugio.
Mi mayor miedo es el ALTA. No consigo comprenderme, no sabría explicar por qué me ocurre esto, pero estoy seguro de que me falta seguridad y de que, a pesar de tener muchos hermanos, me encuentro solo.
Solo sin saber qué hacer para olvidar estos miedos, para entender mi enfermedad que me resulta inexplicable.
No encuentro soluciones y aunque la medicación me ayuda no cura mi miedo" J.P. , hombre diagnosticado de trastorno esquizoafectivo.

" Cuando era pequeña me daba miedo la oscuridad. Mi hermano mayor me ayudaba a superar esta sensación.
A los 25 años vine a españa desde Rusia y cuando estaba segura de que mi vida había cogido un buen camino, de repente comencé a tener un miedo extraño: a la gente, a la naturaleza, a mi propia habitación. Después de caer en una depresión grave me diagnosticaros trastorno bipolar y durante estos últimos diez años de recaídas he vivido con el deseo de volver a coger mi camino de antes, una vida llena de paz y amor.
A todos mis compañeros, a los que también tienen miedos, les diría que no pierdan la esperanza, que siempre en nuestro camino nos espera un futuro mejor" M. O., mujer diagnosticada de trastorno bipolar.

" Me da miedo la noche y su oscuridad y me da miedo la llegada de la mañana. Me asusta que un enfermero entre en mi habitación cuando estoy durmiendo y que alguien pueda hacerme daño, tanto fuera del hospital como dentro. También siento temor ante los sueños que te despiertan y te desvelan, y ante el futuro incierto.
Me da miedo recaer y volver a pasar por lo mismo y me angustia esa pregunta que todos nos hacemos:
¿ qué puede pasar ?, ¿ qué pasaría si..?" L.H., hombre diagnosticado de esquizofrenia paranoide.

" Sentí miedo al entrar en mi habitación. Creí que alguien me perseguía y empecé a llorar, a romper cosas y a tirarlas al suelo. Quemé papeles hasta cansarme mientras notaba con total claridad que había alguien detrás de mí. Salí corriendo de casa decidida a no entrar más en ella, pero al estar en la calle algo me dijo en mi interior que estaba enferma y con el corazón latiendo muy fuerte, empecé a pedir ayuda y un vecino llamado Javi me llevó a urgencias donde mi psiquiatra me dio unas pastilas. No le hice caso y volví a casa. De nuevo todo volvió a empezar  y otra vez sentí que me perseguían y me descontrolé y rompí cosas. Sentía tanto miedo...
Ahora, después de una hospitalización y una intervención de matriz, estoy en el psiquiátrico donde, por fin , he comenzado a recuperarme de todos mis miedos" N. E. S., mujer diagnosticada de esquizofrenia.

3 comentarios:

luvah dijo...

Saludos desde Radio Nikosia, nos parece muy interesante esta iniciativa, los nikosianos os mandan un grito de fuerza y complicidad en esta lucha.
Sabemos que desde una unidad de agudos los pacientes están en alguna de las etapas malas de la enfermedad mental grave, y aunque a veces la oscuridad se apodere de nosotros no hay que perder la esperanza, el sol siempre acaba saliendo para todos.

radionikosia.org
radionikosia.foroactivo.com

-Las cosas de palacio van despacio-

Blog salud mental dijo...

Agradecemos un montón vuestras palabras y os felicitamos por vuestro programa de radio.
Esperamos colaborar pronto con vosotros.

El taller del blog

Solitudine... dijo...

JP... Te entiendo muy bien. Yo cuando enfermo me siento tan mal que dejo de conducir, y no salgo de casa en un mes o así -vivo en el campo; sino a pasear entre las retamas, los hinojos, eucaliptos...las huertas, la Naturaleza, en suma.
Una de las limitaciones de mi enfermedad es que soy incapaz de coger una autopista. Absolutamente incapaz. Me da un terror abominable, pánico. A pesar de que he ido superando la enfermedad, con el coche voy a peor. Hasta hace unos años sabía ir a lugares a los que ahora soy del todo incapaz. Pero es bueno reconocer las limitaciones...voy por la carretera general adonde necesito ir. Adonde no...hay guaguas, taxis, tranvía... No me preocupa demasiado. Me aterra conducir y hay días que salgo contemplando la naturaleza y en paz...otros días me vienen malos presagios pero...salgo igualmente y voy adonde tengo que ir porque me suena una campanilla que dice: ya, ya habló la enfermita... Y no. Aunque vaya nerviosa, aunque me cueste, aunque me suden las manos...salgo de casa. La enfermedad no tiene por qué quitarte calidad de vida y hoy en día hay muchas cosas que nos ayudan: transportes, gentes, familias, amigos...y, sobre todo, conocer tu propia enfermedad y aprender a dominarla un poco. Ser capaz de eso...
Mucho ánimo.
Cuanta conmigo.
Un abrazo.

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