sábado, 6 de febrero de 2010

Con otra mirada


Hola, soy una alumna de 5º de Psicología y llevo dos meses realizando las prácticas en la Unidad de Subagudos del Hospital Psiquiátrico de Tenerife.
 Llevo muy poco tiempo para tener una imagen completa y exacta del lugar y de los trabajos que se hacen en él pero, la verdad es que, desde el primer día me he llevado una gran sorpresa. 
Jamás había estado en un centro de estas características ni tratado con este tipo de pacientes por lo que, arrastraba muchas ideas preconcebidas y normas absurdas (autoimpuestas y fomentadas por la enseñanza universitaria) y al llegar allí, mis concepciones dieron un giro de 180º, giro del que aún me estoy recuperando y adaptando. 
Casi nada tenía que ver con mis rígidas ideas sobre el papel del psicólogo, el del paciente y la interacción entre ambos.
 En este centro, la relación entre estos dos personajes se da con absoluta naturalidad, el paciente tiene voz y voto, sus ideas, preocupaciones y aspiraciones cobran protagonismo en las sesiones de psicología, en las que, se busca un ambiente distendido, de confianza, afectividad y sobre todo, respeto. 
Ese respeto que nos merecemos todos por el simple hecho de ser personas, con discapacidades o sin ellas, con más o menos problemas,… 
Es alucinante cómo ayuda al paciente en su mejoría el simple hecho de hacerle sentir persona, una persona tan válida como los demás para vivir y vivir bien.
También me gustaría destacar el importante papel de los familiares en el proceso de recuperación de los pacientes. 
Hasta ahora, he tenido la oportunidad de asistir a una sesión de Psicoeducación familiar y ha sido sorprendente ver la implicación de los familiares y su interés por adquirir nuevos conocimientos (lo que les aporta seguridad a la hora de interactuar con los pacientes) que les ayuden a ayudar y entender a los enfermos. 
Desde mi humilde punto de vista, creo que este hecho puede hacer que la convivencia en el núcleo familiar sea más llevadera y genuina, dejando al margen, de esta forma, presiones y silencios y favoreciendo la prevención de posibles recaídas.

Escrito por Laura Marrero Martín. Alumna de quinto de psicología de la ULL, actualmente realizando el prácticum de fin de carrera en la U.S.A.

1 comentario:

Jesús Castro Rodríguez dijo...

Me alegro muchísimo de que las cosas hayan cambiado tanto desde que yo estudié hace unos 16 años. En el practicum y en los cursos de doctorado lo mas cerca que estuve de un paciente fué haciendo role playing (lamentable). Eres una privilegiada. Las investigaciones, siempre con estudiantes (lamentable).
Felicidades a los que por fín se estan dando cuenta de que en una carrera como la nuestra, es imprescindible estar orientados a la práctica y que en la universidad no puede haber el tremendo divorcio que había entre teoría y practica.
Saludos.

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