jueves, 17 de enero de 2013

Rufus May, "el doctor que escucha voces" (documental)


Rufus May, un psicólogo inglés conocido como “el doctor que oía voces” trabaja como Psicólogo Clínico de adultos en los Servicios Públicos de Salud Mental en Bradford, Inglaterra. Su conexión con los trastornos mentales se remonta a su adolescencia, durante la cual fue diagnosticado de esquizofrenia aguda. Durante esta etapa de su vida May pensaba que era un espía y que tenía un dispositivo en el pecho que le controlaba.

Según R,May, la psicosis es una respuesta comprensible a situaciones estresantes o dolorosas; se trata de un mensaje simbólico, como los sueños, que debe ser escuchado y no eludido, porque nos intenta avisar de algo. Afirma que muchos problemas mentales están basados en el miedo y que es necesario adentrarnos en él para liberar esa emoción.
La voces para R.May pueden ser entendidas como mensajeros que expresan la rabia, el miedo, la angustia, etc... de quien las posee. Muchas veces, sin embargo, esas voces se demonizan y se intentan neutralizar a toda costa, pero es necesario descifrar su significado, encontrar el sentido que subyace bajo la denominada  locura.

Uno de los casos que R.May suele presentar en sus charlas es el de Marco, un chico que estaba convencido de que podía construir una máquina del tiempo para viajar al pasado. Conocía las piezas que necesitaba y estaba seguro de que podía lograrlo. Cuando los médicos le preguntaron el por qué de ese deseo, y se adentraron en “la sombra”, descubrieron que Marco se sentía culpable de la muerte de su hermano y quería volver atrás para recuperarle.

Las alucinaciones auditivas, según Rufus May, son simples mensajeros de experiencias vitales que han causado un gran impacto en la persona. A veces son voces culpabilizadoras, otras manipuladoras, otras autolesivas o agresivas. Lo importante es que las personas que las oyen se paren a pensar por qué le están hablando e incluso dialoguen con ellas, debiendo ser escuchadas y tomadas en cuenta no solo por ellos mismos, sino por las personas que les rodean y por los profesionales de la salud mental.

Según el doctor May, la medicación es necesaria, pero no en todos los casos. Su postura es la de que debemos otorgar a las personas con problemas de salud mental la oportunidad de elegir qué clase de tratamiento necesitan.

A continuación os dejamos con un interesante documental producido y emitido por la BBC en 2008 y dirigido por el documentalista Leo Regan, en el que podemos disfrutar de todo el proceso terapéutico en que Rufus May se embarca junto a Ruth, una chica que pasa por una importante crisis vital.


Texto escrito por Esther Sanz (Psicóloga Clínica del Área Externa de Salud Mental de Tenerife)

5 comentarios:

ALUCINADO dijo...

No si al final oir voces va a ser normal...
Lo importante es SABER el tipo de alteracion perceptiva y su causa y segun esa tratarla...sea un cuadro de origen psicogenico o biomedico, pero saber que si uno OYE VOCES SIEMPRE PRESENTA UNA DISFUNCION. El tipo de abordaje dependera de ello ¿oiste?

Raúl y Almu dijo...

Brutal Esther!! Gracias por compartir!! Un abrazo grande!!

Eduardo García Fernández dijo...

Un vídeo realmente interesante y a la vez una nueva forma de afrontar el oír voces. Me recordó en cierto sentido a la película Un mente maravillosa donde el matemático acaba aceptando el convivir con sus voces
Saludos

Diana dijo...

Me ha gustado mucho descubrir a Rufus May, saber que hay gente valiente que está abriendo la puerta hacia una forma diferente de hacer terapia, una que en mi opinión es muy efectiva aunque, como se ha visto, tiene sus grandes riesgos.

ancar dijo...

Me importa un carajo la trastienda de una voz. Las alucinaciones son excrecencias aberrantes de la mente. Las tripas derramadas de una cavidad abdominal interior. Pertenecen a procesos inconscientes, y ahí debieron quedar.

No hay comparación, respecto a este tipo de abordajes, que nunca se sabe muy bien para que son, unirse en la desgracia, congraciarse con las taras evitándolas, estar más tranquilo hasta la próxima, o qué, con la potente reapropiación (a veces demasiada) del Yo que se consigue en virtud de la intoxicación voluntaria de neurolépticos. Una auténtica cura, además de profiláctica.

Destacar solo el momento sublime, irrepetible, en donde un psicótico reconoce, al mismo tiempo que expulsa, una alucinación y/o delirio. Padece y adueña conscientemente a su fantasía. No sé si algún genio prepsicótico, y sin medicación, como William Blake, podía hacerlo así masivamente, limpia e integralmente, pero lo dudo: la literatura científica de la era preneuroléptica no recoge una capacidad de dominio tal.

Los brotes se recordaban, pero nunca se criticaban “in situ”. Por eso, no es serio llamar a estos abordajes terapias, donde irremediablemente tendrá que hacerse cargo la dura e irreprochable solvencia de la biología; pueden ser una aproximación al paciente, pero nada más.


Salud¡

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