jueves, 18 de febrero de 2010

Cuentos

Era una noche de Agosto, pero el ambiente de la habitación se tornaba invernal. Allí estaba yo, sin dejar de dar vueltas entre las mantas, insomne y congelada de frío. Miré el reloj de la mesita de noche, somnolienta y amodorrada: eran la una y media de la madrugada y aún no había conseguido dormirme.
En los telediarios decían que ya no había marcha atrás. Después de tanta contaminación y tantos abusos inflingidos al planeta, un clima gélido e invernal azotaba el mundo entero.
De pronto, brotó desde el suelo un prisma multicolor y, de golpe, se encendieron todas las luces. Yo grité asustada y pregunté: ¿quién es?, ¿qué está pasando?, y una dulce voz de mujer que provenía de la esquina de la habitación dijo: está bien!
Desde aquel día intenté no ser pesimista y pensar que todo podía volver a ser como antes. Rezaba para que la tierra no se destruyera y mientras lo hacía le pedía a Dios que se manifestara de algún modo. Unos golpecitos en el armario serían una señal, pensé.
Aunque el armario sonó, creí que sólo había sido fruto de la casualidad. Quizás sólo era que la madera se había hinchado por culpa de la humedad.
Pero la voz angelical volvió a hablar y un ruido de campanillas sonó desde la esquina del cuarto.
En ese instante, y casi sin darme cuenta pensé: que mañana llegue el calor. En realidad, no sé por qué pedí ese deseo. No creía que fuese a cumplirse, pero a la mañana siguiente me desperté con la habitación iluminada con una gran claridad y un aire denso y caliente hasta lo insoportable.
Y yo seguía creyendo que todo era un sueño, una casualidad.
Cada vez el ambiente era más sofocante. Al salir a la calle hasta el asfalto se derretía. Sería imposible sobrevivir a esas temperaturas, pensaba aterrada.
Y todo era por mi culpa. Por aquel deseo escéptico que hice a la voz de la habitación.
Aquella misma noche la voz volvió y me advirtió: con la tierra no se juega, no es vuestra, no lo sabéis todo.
Asustada, casi podía percibir el fin del mundo entre aquellas palabras invisibles.


Pero la voz volvió  y gritó de forma clara: que el clima se vuelva primaveral! y me susurró: gracias por creer en mí y acto seguido entró una brisa por la ventana, empezaron a cantar los pájaros, mientras los rayos de sol se colaban por todos lados y un enorme arco iris brillaba en el cielo.
Siempre he estado contigo, en cada casualidad..., me dijo antes de marcharse.

Escrito por C.R., mujer diagnosticada de esquizofrenia paranoide,  durante varias sesiones del taller del blog.

1 comentario:

Charlys dijo...

Realmente precioso este relato, se me han puesto los pelos de punta, primero por la sensibilidad de C.R. y despues por el llamado de nuestro planeta vivo llamado tierra.
Es claro el mensaje, es necesario hacer algo y no seguir más tiempo con los brazos cruzados.
Gracias C.R.

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