EJERCICIO FÍSICO
Es un hecho que la práctica de ejercicio físico tiene
innumerables beneficios, sin embargo, por una u otra razón, no se practica de
manera tan regular como se debería. Normalmente, si pretendemos prevenir la
aparición de ciertas enfermedades o en el caso de que ya las padezcamos, tenemos
dos opciones: recurrir a la ingesta de diversos fármacos o hacer uso de algo
tan sencillo y al alcance de cualquiera como es el deporte. Pues bien, para obtener los beneficios que
reporta el deporte es necesario dedicar entre treinta minutos y una hora
(siendo una hora más aconsejable que media, porque realmente cuanto más ejercicio más beneficios se
consiguen).
Es bien sabido que la
obesidad y la inactividad física son dos factores de riesgo muy importantes,
sin embargo, si una persona consigue mantenerse en buena forma física a pesar
de sufrir obesidad puede reducir de manera considerable aquellos aspectos
negativos que conlleva dicha enfermedad.
Es aconsejable que dediquemos unos minutos a pensar qué estilo de vida llevamos y cuáles son nuestros hábitos, pues nunca es tarde para
cambiarlos y recibir las ventajas que adquirimos por practicar deporte. Los estudios han demostrado que mujeres que
han pasado de no realizar deporte a practicarlo de alguna manera, han reducido
en un 50 % la posibilidad de sufrir alguna cardiopatía. Realmente, con tan solo
dedicar menos de una hora al día a actividades como pasear a nuestro perro,
dejar de lado el ascensor y optar por hacer uso de las escaleras o ir andando
al trabajo, habría un cambio significativo en nuestra calidad de vida.
Profundizando
algo más y relacionando el ejercicio físico con los trastornos mentales
encontramos datos cuanto menos, interesantes, puesto que el deporte también
produce cambios a nivel cerebral. En
primer lugar, es necesario conocer la existencia de una sustancia llamada
neurotrófinas, que son un tipo citocinas
esenciales en el crecimiento y supervivencia de
las neuronas colinérgicas, dopaminérgicas y noradrenérgicas
del SNC y de neuronas simpáticas y sensoriales del SNP.
En resumen, se ha descubierto que en
personas con esquizofrenia la concentración de estas citocinas se ve alterada
en ciertas áreas en las que hay una pérdida neuronal. Por otro lado, en
pacientes depresivos crónicos la carencia de neurotrófinas lleva consigo
apoptosis, o lo que es lo mismo, muerte celular programada, así como un
despoblamiento neuronal.
Por otro lado,
en un estudio reciente parece que el uso de antipsicóticos aumenta la
concentración de neurotrófinas ( Angelucci F et al 2004).
Y en este punto es cuando entra en juego el
ejercicio físico, pues tras un estudio de Neeper SA et al en 1996, se relacionó el aumento de
factores neurotróficos con los beneficios de la práctica de ejercicio.
Además,
el ejercicio físico incrementa los niveles de FNDC y otros factores de
crecimiento, estimula la neurogénesis, mejora funciones
cognitivas y la neuroplasticidad (Cotman CW and Berchtold NC, 2002; Gomez-Pinilla F et al 2002).
Por todo esto, podemos sospechar que el ejercicio
físico constituye un factor protector que no debe pasar desapercibido para las
personas en general, y en concreto, en aquellas personas que sufran
trastornos mentales, pues en ellos siempre se ha descuidado este factor
llevándoles inexorablemente a un círculo vicioso de cronicidad y desesperanza.
Hay varios motivos por los que es digno revisar la idea de
forzar rutas metabólicas como apoyo al tratamiento con antipsicóticos, como por
ejemplo que en la ESQ (esquizofrenia) están implicado neurotransmisores, en
algunos de los cuales podemos influir en su concentración cerebral mediante la
alimentación.
La etiología de la ESQ es aún desconocida y existen
diferentes teorías sobre su causa, lo que hace que estEmos ante un laberinto
que implica diferentes rutas bioquímicas. Varias investigaciones
han encontrado una relación entre la sintomatología de la ESQ y la cantidad de
Omega-3 ingerido con la dieta.
