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jueves, 9 de agosto de 2012

Capicúa (Blog "Esquizofrenia")

Dentro de nuestro capítulo de colaboraciones en la blogosfera hoy os presentamos a Misha*, una joven estudiante mexicana, apasionada de las letras y fantástica escritora que tiene un blog francamente recomendable llamado "Esquizofrenia" donde nos habla de su vida y de cómo lucha con coraje por convivir con las voces que en ocasiones la aislan y atormentan.
Misha, al menos en su blog, es todo luz, transmite e irradia sinceridad, hasta en los momentos más oscuros. Y tras haber contactado con ella ha tenido la amabilidad de escribirnos un texto para nuestro blog.

César M. Estévez

CAPICÚA



Siempre me ha gustado pedir deseos. La clase de deseos casi  imposibles, claro está; ser más alta, más lista, más bonita y todas esas patrañas que las personas necesitan para ser felices. Nunca busqué estrellas fugaces, sobre el manto de contaminación que cubre nuestras noches nunca he visto más de cuatro o cinco estrellas. Mis deseos siempre dependían del azar. Si pasaban cuatro autos rojos seguidos sacaría diez en mi examen de matemáticas, o si lograba hacer dos parados de manos en gimnasia no reprobaría inglés, a la fecha continúo haciendo eso. Me da alguna clase de seguridad dejar las cosas a la suerte, por extraño que suene, siento que me deslindo de cierta responsabilidad. Por eso, cuando descubrí las capicúas, sentí que había encontrado algo justo para mí. La certeza de que siempre  llegará  una hora que no variaría de al leerse de izquierda a derecha o de derecha a izquierda, contra el azar de estar a tiempo para presenciarlo. 11:11, un número mágico, indicado para pedir deseos.
Si bien mis primeros deseos llevaban aquella pizca de azar y aquel mucho de dedicación propia, los deseos que pido ahora están muy lejos de lograrse. Ya no es asunto de la consagración que ponga o no a conseguir lo que quiero, no. Es un asunto que se me sale de las manos, que no controlo; no puedo quitármelo de encima aún si pasan noventa carros amarillos conducidos por payasos.  Cada capicúa que pasa deseo lo mismo, cada doce horas el reloj me da la oportunidad de pedir alguna clase de suerte y cada doce horas resulto en lo mismo. Deseo no estar enferma. A mis diecinueve años, –después de tres años y contando–, aún deseo con todas mis fuerzas no tener esquizofrenia.
Las capicúas son importantes para mí. Me es importante saber que, al menos, aún puedo elegir no querer esto. Hace poco escuché en la televisión que, para un psiquiatra, anunciarle a su paciente que tiene esquizofrenia, es el equivalente de un doctor dando el diagnóstico de cáncer. Nunca había caído una verdad tan grande sobre mi cabeza y, como todas las verdades que he afrontado en los últimos años, la manejé sola. Así son estas cosas, diría mi bisabuela. Así es esto de vivir con tu cruz, respondería mi bisabuelo. Lo cierto es que el psiquiatra, que –tras meses de consultas, formularios y estudios– me anunció la presencia de un cuadro psicótico, parecía haber tragado algo asqueroso. No recuerdo que me haya visto a los ojos. Yo recuerdo el piso, el cielo y la sensación de caída. Supongo que no es fácil decirlo y, por experiencia, menos fácil resulta asumirlo. La vida se convierte en algo casi normal. Es casi normal escuchar voces, casi normal no recordar como regresar a casa, casi normal asumir que todos te odian y es casi normal odiarme con todas mis fuerzas.
Me odio desde la punta de los dedos hasta la coronilla. Odio mi cuerpo, mi figura, mi complexión, mi expresión ausente, mis ojos sin brillo, mis labios caídos. Odio mis sarcasmos, mi inglés mal escrito y peor pronunciado, la manera en la que siempre me siento atacada, la ansiedad que me inunda a cada momento y el desapego que tengo hacia casi todo. Odio que mi voz nunca se escuche, pero odio más que se asemeje al ruido de algún ratón. Me aborrezco por mentirosa, son tantas las estupideces que he hecho y dicho que ahora tengo que encubrir una mentira con otra aún más grande. A veces me pregunto si voy a reventar con todo esto que me guardo. Odio no poder vivir una vida si no es a través de libros. Odio no saber ser leal. Odio tenerle miedo a todo. Odio la manera en que mi espalda siempre está encorvada, eso grita derrota y, lo peor es, que sí. Me siento derrotada. Odio a quien sea que me devuelve la mirada en el espejo cada mañana y que parece haberme robado algo. Veo mi vida pasar, se va alejando cada vez más, y no logro alcanzarla. Sencillamente  no estoy aquí.
No fue el diagnóstico lo que me arrancó de donde sea que estuviera sosteniéndome. Desde hacia mucho me tambaleaba, aquel día sólo fue la representación de un golpe de gracia. Nunca he logrado coincidir con las personas, siempre he sido terca y con mal genio. En mis primeros años de escuela tenía impulsos violentos, arañaba y mordía a mis compañeros. A la fecha me cuesta mucho controlar mis accesos de mal humor o de ira, golpeo paredes, araño mis brazos, entierro plumas en mis piernas, rasgo mis hombros con navajas. No es un acto de ‘mírenme, mírenme’, no es algo que controle. Muchas veces quiero detenerme, porque me duele, porque sé que es estúpido, porque ya no hay motivos para seguir molesta; pero sigo, sigo hasta que se me van las fuerzas, hasta que ya no siento ansias. Así es con todo; me obsesionan mis errores, mis fallos. Siempre regreso a buscar lo que sea que haya hecho mal esta vez, aunque no exista razón. Por las noches, cuando me siento desfallecer, se enciende una radio en mi cerebro. Voces, voces, voces. Conocidos y completos extraños comienzan a farfullar y vociferar en mi cabeza. Algunas cosas no tienen ningún sentido, otras me  preguntan por qué no hago nada bien, yo misma me lo pregunto.
Durante un tiempo, casi seis meses, veía una sombra con ojos rojos arrinconada en mi cuarto, observándome. Sí, lo sé, suena a película de miedo o alguna de esas cosas. Pero sólo éramos él y yo, él preguntando para qué vivir y yo respondiendo para qué morir. Ahora permanezco presionada por cosas que yo sola me invento, lo que sea para mantener mi cabeza ocupada; no me gusta estar sola. Al estar sola puedo rumiar sobre pequeñeces que, al ser recordadas, no parecen tan pequeñas. Si no tengo algo que hacer o alguien con quien hablar comienzo a sentirme ansiosa. Salir a la calle se ha vuelto un fastidio, a veces me olvido de como regresar a casa, cuál es la línea de metro que debo tomar o el autobús que debo abordar. A veces, sin más, exploto. Tiemblo, desconozco a las personas que me rodean, estrecho mis piernas y espero que al abrir los ojos todo haya vuelto a mejorar, pero no. Cuando logro calmarme no recuerdo que hice, que dije, que pasó.
Y esto sigue, sigue, sigue... Algo me carcome, me oxida. Por eso pido tantos deseos, por eso espero con devoción cada capicúa. Tal vez me llamen y digan que esto es un error, que es algo temporal. Cuando me dieron el diagnóstico me explicaron que esto iría en aumento por los siguientes cinco años y, que tras ese tiempo, bien podría mejorar o terminar en una clínica. Ya estuve en una clínica. Constantemente me pregunto cómo esto puede llegar a empeorar y, como por gracia divina, siempre me llevo alguna sorpresa nueva.
Mi familia lo ignora. Somos mi papá y yo, viviendo solos en una casa tan pequeña que nuestros problemas no caben y escapan por las ventanas. ¿Con qué cara se lo digo? Sabe que voy a ver a un doctor, pero no conoce la diferencia entre psiquiatra y psicólogo. Para él sólo es una excusa mía para no estar en casa. Mis dolores de cabeza son producto de tener dos gatos y estar respirando su pelo; mi ansiedad es producto de no hacer nada. Lo demás ha logrado no verlo, mucho tiene que ver con que casi nunca estemos juntos. Los medicamentos han sido un problema, pagarlos, conseguirlos, todo. Las consultas médicas implican gastos, el seguro médico no quería cubrirlos y, cuando aceptaron, fue tras casi un año en el que no tuve doctor. El día que decidieron internarme mi padre aceptó  apenas escuchando de qué se trataba, para él sólo fue una de mis tantas ocurrencias, pero igual no tuvo que pagar.  Mi abuela me cuidó por mucho tiempo y, tal vez, fue ella la única en saber lo que me pasaba. Pero una mañana desperté para saber que había muerto y, así, terminar de morir con ella.
Entonces, así  he caído, a despertar y desear no tener esto. Si las personas escucharan sería un logro, pero no. Para ellos la esquizofrenia es estar loco y punto. Jamás se nos permite aquel papel humano en el que tenemos sentimientos y en el que la palabra ‘loco’ atraviesa como un cuchillo afilado. Tantas veces me han dado la espalda, tantas veces se han quedado en silencio y después  reído, esperando que sea broma.  Jamás se detienen a pensar en lo delicado que es no saber que será de ti mañana. No saber si despertarás y serás capaz de seguir con tu vida, pretendiendo que nada pasa. Pretendiendo que tu cerebro no se desgasta y nada de esto te afecta.  Y después prendes el televisor y la primera serie que sintonizas dice que ‘asesinó a su mejor amigo porque tenía esquizofrenia’, y te paralizas al pensar que bien podrías ser tú. A veces no sé que me afecta más, la enfermedad o todo lo que se espera de ella.
Esperan que vaya por las calles proclamando el fin, que tome un arma y asesine a todo un salón de clases, que me tire en un rincón, que me mate, que… Ya no sé que tanto esperan de esto. No sé si estoy o no predispuesta a pensar que algún día acabaré así. Hay días en los que no puedo salir de mi cuarto por miedo a lo que hay en el mundo y hay días en los que estoy perfecta hasta que algo, o alguien, me recuerda que se supone que debo ser un maldito monstruo. A esto se reduce la vida casi normal, a que los demás esperen lo peor de alguien que no controla lo que tiene. Yo no pedí esto, no lo busqué y jamás lo esperé. Ahora que lo vivo, ahora que atravieso esta línea de persona sana/persona enferma, ahora me cuestiono quienes son los monstruos. Nosotros, personas con algún trastorno mental que cada día despertamos dispuestos a combatir a nuestro peor enemigo, nosotros mismos, aún a sabiendas de que llevamos al batalla perdida de antemano. O ellos, personas sanas y vivaces, que no están dispuestas a escuchar que la razón deambula tras el camino de la locura. Es tan sencillo terminar así, tan sencillo dar un paso en falso y perder lo más valioso, lo más vital, perderte a ti mismo.
Despierto esperando ver zapatos diferentes bajo la cama, pero no es así. Sin embargo, amo la vida y amo los pequeños instantes de la misma, la amo más sólo por saber lo fácil que me puede ser arrancada ésta realidad. Cualquier día, sin previo aviso, puedo despertar y desconocer cada espacio, cada momento y cada recuerdo que me constituye. Entonces, ¿quién me va a tender su mano? ¿Quién va a olvidar todas esas capas de estereotipos para encontrarme, para encontrar que no soy un peligro? Supongo que es eso lo que más temo, lo que sea que viene después, cuando ya no puedo ser fuerte y tengo que afrontar que las personas son demasiado personas. Que temen demasiado a lo que no entienden. Sí, hoy me prometen una mano amiga, una compañía infalible, un pulso firme; pero mañana todo esto puede cambiar. Mañana puedo ver como se alejan, ¿a qué me atengo? ¿A quién espero? Tal vez por eso sigo creyendo en las capicúas, tal vez me espero a mí misma. Mi propia mano que me levante, antes de que alguna otra corriente me arrastre.
Son las 11:11. Cambiemos esto, cambiemos el deseo. Deseo, que por un momento, por un segundo, no pretendan entenderme. Jamás me van a entender, ni a mí ni a lo que me ha tocado llevar. Pero sí pueden comprender, comprender que lo último que necesito es creer que esto es mi culpa. Comprender lo útil que es que alguien te escuche, que alguien se detenga junto a ti a mitad del camino mientras tomas un descanso. Yo quiero terminar el camino lo mejor posible, pero creo que voy a tardar un buen rato y me es muy incierto a donde voy a llegar. Pero no puedo perderme, no tengo a dónde ir. 11:12. 
Texto escrito por Misha* del Blog Esquizofrenia (Publicado con su autorización)

sábado, 7 de julio de 2012

Saltando Muros en el XXV Congreso Nacional de Salud Mental de la AEN (tercera parte). Redes.


PONENCIA REDES SOCIALES EN SALUD MENTAL

El impacto de las herramientas de intercomunicación global (blogosfera, redes sociales y cultura 2.0) en el proceso de recuperación de las personas que padecen problemas de Salud Mental graves: SALTANDO MUROS

Hola a todos, tal y como les ha señalado mi compañera Esther, me llamo César M. Estévez y soy Enfermero Especialista de Salud Mental, actualmente desempeñando labores de Supervisor de la URA (Unidad de Rehabilitación) y de las USMC Norte (Unidades de Salud Mental) del Área Externa de Salud Mental del CHUC (Complejo Hospitalario Universitario de Canarias).

Antes que nada quería agradecer a la organización la posibilidad que se nos ha brindado de participar en este Congreso y el poder dar a conocer en tan ilustre foro nuestro proyecto.
Quería también darles las gracias a ustedes por acompañarnos esta tarde en la que intentaremos daros a conocer un poco el cómo, el porqué y qué es eso del proyecto Saltando Muros.

Empecemos por el principio,
Al igual que muchos de ustedes le hemos dado muchas vueltas a las dificultades presentes en la recuperación de las personas afectadas por problemas de salud mental graves y entendíamos que un importante caballo de batalla era el estigma, los prejuicios que prácticamente imposibilitan el camino real de la recuperación.

¿Y cómo podíamos aportar nuestro pequeño granito de arena en esta lucha tan desigual?
Éramos sólo dos profesionales, sin ningún apoyo, en un pequeño centro (antiguo Hospital Psiquiátrico) de una pequeña isla como al fin y al cabo es nuestra querida Tenerife.
Ah!, se me olvidaba, no teníamos un duro! … y seguimos sin tenerlo.

Teníamos, eso sí, alguna experiencia en el uso a nivel muy doméstico de las emergentes redes sociales y ahí comienza esta aventura en el empleo de estas herramientas de gran importancia (más de lo que imaginamos) en el mundo en el que nos movemos.

Debemos de darnos cuenta (sobretodo nosotros, los profesionales de la Salud Mental) que para la población en general la Salud Mental y especialmente los denominados Trastornos Mentales Graves son temas totalmente desconocidos, prácticamente tabú.
Entendemos que informar y visibilizar estas cuestiones pueden eliminar prejuicios existentes y sensibilizar a la sociedad sobre estos temas.

En el proceso de Recuperación de las personas afectadas resulta de gran importancia el establecer redes sociales de apoyo, así como grupos de ayuda mútua y entornos más tolerantes.

Otro aspecto a destacar es el proceso de empoderamiento de los afectados, condición indispensable para su recuperación y que resulta del todo inviable si los afectados no son “visibles” y si ni ellos mismos ni la sociedad conocen sus derechos ni sus dificultades.

Me gusta mucho una frase que veremos después en un pequeño vídeo sobre el uso de las redes sociales: “ Entrar cuesta poco, quedarse fuera puede salirnos muy caro”.
Es una oportunidad única que no debemos desaprovechar y que, usada con inteligencia, puede sernos de gran utilidad.

Sin lugar a dudas suponen un cambio fundamental en la forma en que nos comunicamos y relacionamos.
Ahora y, teniendo en cuenta el poco tiempo que disponemos, les invito a que vean un pequeño vídeo de unos 4 minutos donde de forma muy gráfica podremos entender la importancia de las redes sociales y su amplio potencial.



Sólo me detendré en unos datos del vídeo:
En España hemos pasado de ser 9 millones de españoles usando redes sociales en el 2010 a más de 20 millones en el 2012.
Y la evidente pérdida de relevancia de los medios de comunicación “tradicionales” frente a las redes a la hora de informar y ser formadores de opinión.

Pero… ¿qué es una red social?
Las redes sociales son estructuras sociales compuestas de grupos de personas, las cuales están conectadas por uno o varios tipos de relaciones, tales como la amistad, el parentesco, intereses comúnes o que comparten conocimientos.
Estos dos últimos aspectos son los fundamentales para nosotros en la red.
Dos afamados investigadores en esto de las redes sociales (Fowler y Christakis) señalan que las personas más conectadas y con más participación en círculos sociales tienen mejor salud y se declaran más felices que los individuos aislados.

El siempre estimulante Dr. Guillermo Renduelles señalaba la gran importancia del desarrollo, impulso y potenciación de las redes sociales para la mejora de la Salud Mental de las personas. "Hay estudios que señalan que las redes sociales son el mejor remedio al recurso único y exclusivo a la pastilla. Donde hay red social, donde hay cultura popular, donde hay apoyo para las desgracias de la vida, las visitas al psiquiatra disminuyen drásticamente”.
También el Dr. José Guimón destacaba que a menores apoyos sociales mayor riesgo de enfermar física o mentalmente. “Numerosos trabajos demuestran que el apoyo social protege de la aparición de trastornos físicos y mentales. Investigaciones sobre la consecuencia de la pérdida del apoyo social han demostrado que, cuando una persona no tiene o pierde vínculos sociales activos es mucho más probable que enferme física o mentalmente. Las intervenciones dirigidas a modificar las características de las redes mejoran, según algunos estudios, el pronóstico de la esquizofrenia y de otros trastornos.
La sociedad en la que vivimos está presenciando el lento pero imparable deterioro de las redes sociales. Es de esperar que en el futuro próximo, ayudándose con los recursos de la Ley de Dependencia, los indudables progresos realizados con los métodos de Internet puedan ser aplicados para beneficiar a esa sufrida población.”

Estamos de acuerdo con ellos en que las redes sociales “reales” en nuestra sociedad se están debilitando pero consideramos que estas redes sociales “virtuales” pueden ayudar a generar cambios en nuestra realidad.

Nuestra presencia en las redes se centra fundamentalmente en tres herramientas: Blog, página de Facebook y Twitter.
El blog Saltando Muros:
En él colgamos contenidos desarrollados por personas afectadas por problemas de Salud Mental (ingresadas en nuestras unidades o no) además de contenido propio.
En dicho blog informamos y pretendemos acercar a los afectados a la sociedad, darles voz.
Algunos profesionales nos han reconocido que el blog les ha hecho reflexionar sobre su papel con la persona afectada y familiares nos han señalado que han podido ver aspectos que desconocían de estos.
Página de Facebook:
En Facebook tenemos la página “Proyecto Saltando Muros” donde intercambiamos con nuestros seguidores así como público en general los contenidos del blog además de otros que no tienen cabida en él así como intercambios más fluidos e inmediatos de información, opinión y pareceres.
En Twitter somos @SaltandoMuros y aunque es la última red en la que nos hemos incorporado ya tenemos más de 200 seguidores.

Nuestros datos más relevantes en este periplo por las redes:
  • Blog con más de 170.000 visitantes únicos.
  • Amplio seguimiento en España y otros países del habla hispana.
  • Más de 1.575 seguidores en el Facebook.
  • Contenidos del blog acreditados por Web de Interes Sanitario, Fondo Documental Sanitario y el sello HON-code con los que mediante una serie de filtros y controles se da fiabilidad a los contenidos del blog.
  • El prestigioso divulgador científico Eduard Punset nos ha referenciado y hemos colaborado con su hija Elsa Punset.
  • El periódico digital PRNoticias nos señaló como uno de los 20 blogs más importantes de la blogosfera sanitaria hispana.
  • Hacemos visible a la persona con problemas de salud mental.
  • Participamos activamente en prensa, radio y televisión.
  • Promovemos alianzas, debate e intercambio de conocimientos y experiencias.

En nuestro camino nos hemos encontrado con numerosos compañeros de viaje:
… y tantos otros que sin lugar a dudas nos enriquecen y nos hacen crecer.


También nos enriquecemos y nutrimos de otras experiencias de otros países fuera del mundo hispano.
Especialmente impactantes han sido las campañas “See Me”, “Mind”, “Epic Friends”, “Bring Change 2 Mind”, “Rethink” y otras del mundo anglosajón y de los países nórdicos fundamentalmente.

Y especialmente esperanzadoras e inspiradoras son las iniciativas denominadas “en primera persona” en las que los afectados ya sea de forma individual o en grupo exponen libremente sus problemáticas, sus vivencias y experiencias.
Destacamos entre ellos a los blogs:

Para finalizar comentarles que un buen amigo me envió una foto del movimiento 15M en la que escrita en una gran pancarta se leía lo siguiente:
 “las redes sociales son el 5º poder”
… ¿quién lo sabe?...
… a nosotros, por ahora, nos está funcionando.


Ahora Esther Sanz les hablará de cómo se desarrolla Saltando Muros: los contenidos, la forma de realizarlos, los objetivos y los resultados que se van alcanzando.

Muchas gracias por su atención.

;)

César M. Estévez (Enfermero Especialista de Salud Mental)

martes, 17 de abril de 2012

...ni enfermedad mental ni locura

Hace unas semanas os preguntábamos (nos preguntábamos) en una de nuestras entradas por la terminología que considerabais más correcta y menos estigmatizante a la hora de refererirnos a las personas afectadas.
Dejamos colgada una encuesta en nuestra página de Facebook (Proyecto Saltando Muros) y ¡oh, sorpresa! tal y como cantaba "El Barrio": ... ni locura ni enfermos mentales...

 
Gracias por participar ;)


 Curiosamente los términos "Enfermo Mental" y "Loco" no fueron apoyados por nadie.

"Persona con problemas de Salud Mental" y "Persona cuya mente funciona de forma diferente a la de la mayoría" son, por ahora, las opciones con más apoyos (la encuesta seguirá abierta un tiempo más).
Pero además de esta pequeña sorpresa nos quedamos con algunos de los comentarios que se han ido realizando en este blog, así como en el facebook, al respecto:

"Es difícil decir "yo estuve enfermo mental", pero se puede entender el "yo estuve loco".
Loco, yo prefiero estar loco que ser enfermo mental, prefiero tratar con locos que tratar a enfermos mentales, prefiero la gente que hace locuras a las que hacen "actos propios de un enfermo mental"
Saludo
" (Miguel)

"Hola. Yo soy usuario de U.R.S.M Macarena ante todo soy una persona a la cual no le gustan las etiquetas,actualmente busco empleo y lo hago de la manera más natural y normal como cualquier otra persona.
Somos que lo que somos, personas, y queremos ser tratados como tal.
Yo simplemente tengo una enfermedad que necesita un tratamiento
" (usuario URSM Virgen Macarena) otros amigos también iban por aquí en sus comentarios en el Facebook menos "etiquetas" más "personas"...así Virginia Robayna nos comentaba "¿Y si en lugar de centrarnos en ponerle una etiqueta al paciente nos centramos en la enfermedad? Porque los enfermos físicos no tienen un nombre específico. Depresión, esquizofrenia, trastornos alimentarios, ¿por qué cosas tan distintas se meten en el mismo saco? ¿Y por qué una enfermedad debe definirnos? Se tiene un problema de salud, no se es un trastorno, sino un ser humano."

También se destacaba la importancia de la formación y la información:
"Desde luego el estigma radica en la ignorancia y la falta de reconocimiento del problema... Indispensables son formacion e informacion de/y a profesionales cualificados y a las familias y allegados de pacientes... " (Vicente Rubio) y también en esta línea Irantzu G. señalaba "pienso que todo término terminará teniendo la misma carga negativa mientras no haya un conocimiento mayor, una mejor educación, entre la población general... quitando miedos, prejuicios, y añadiendo cercanía. Mientras eso no esté, tristemente pienso que dará "igual" usar un término que otro :( "

Almudena Calvo (una luchadora nikosiana con la que nos alegra habernos reencontrado) nos indica: "La cuestión semántica siempre es polémica. Tengo claro que prefiero trastorno a enfermedad y que me gusta más "loco", cuando es bien utilizado. (...)."

El siempre interesante Pere nos dejaba esta reflexión: "Tú, ¿qué prefieres, estar loco de amor o que un virus te inocule esa enfermedad llamada amor? ¿y para tu pareja?" (Pere)

No me resisto a compartir las reflexiones de un admirado compañero quien desarrolló su tesis en torno a estas cuestiones, el enfermero Dr. Germán Pacheco Borrella, vertidas en un artículo titulado "¿Cómo se nombra a quien padece un trastorno mental?"
 
Y tú... ¿qué opinas?

César M. Estévez (Enfermero especialista de Salud Mental)

sábado, 18 de junio de 2011

#2CBS


Esther Sanz estará en la jornada del II Congreso de la Blogosfera Sanitaria en una mesa pecha-kucha presentando el "Proyecto Saltando Muros" a los blogueros sanitarios más importantes del país. Nuestro objetivo en este foro es que nos conozcan, el establecimiento de alianzas antiestigma y ampliar nuestra red de intercambio en la blogosfera.
¡Suerte, compañera!
César M. Estévez (coeditor del blog)

sábado, 29 de mayo de 2010

Cuaderno de un esquizofrénico

Óscar H. Mañas es un jóven que tiene diagnosticada una esquizofrenia y que para ayudarse a combatirla tiene en funcionamiento un blog (casi un diario) donde cuelga sus pensamientos y vivencias: "Cuaderno de un esquizofrénico".
En dicho blog hay entradas muy interesantes como en la que habla de la importancia de un buen diagnóstico, los pródromos de la esquizofrenia, o sus vivencias de un brote psicótico.
Además Óscar es una persona comprometida con la lucha contra el estigma y suele dar charlas en las que se dedica a derribar los muros que rodean a la esquizofrenia.
Como muestra aquí os dejamos una entrevista que recientemente le realizó Susana Griso en Antena 3 TV.


Desde aquí vaya nuestro apoyo y felicitación para este gran luchador.

César M. Estévez Dorta (Enfermero especialista de Salud Mental)

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