En estas fechas en que hemos realizado tres
sesiones del taller de arteterapia, me gustaría compartir mis
primeras impresiones con los participantes y todos aquellos que
puedan tener interés.
Para los lectores que no están en el
taller, permítanme primero explicar un poco el mismo. A pesar del
nombre, la arteterapia no está enfocada a producir obras de arte,
sino a expresar algo de nuestro mundo interior a través de formas,
colores y esculturas. Este mundo puede ser bello o feo, armónico o
caótico, dinámico o deprimido.
Primero, relajamos el cuerpo,
despertamos los sentidos hacia fuera y hacia dentro, y luego dejamos
que las manos busquen el camino con los materiales. Al final de cada
actividad tenemos un trabajo concreto que revela algo de la persona
que lo ha hecho, una vista pequeña de cómo está viviendo cada persona su mundo en este momento. Cada uno toma un momento para
contemplar el trabajo expresivo que ha salido de sí y luego, si le
apetece, comenta al resto del grupo qué ve y siente en el trabajo realizado.
Casi siempre hay algo sorprendente en
las creaciones, vemos partes de nosotros mismos que habíamos
olvidado, y vemos aspectos insospechados de los demás. Al hacerlo
en grupo también es un ejercicio para dejarnos ser vistos. Al mismo
tiempo, reconocemos emociones comunes en los demás que suavizan
nuestros juicios de ellos.
Realizar el taller con este grupo de
pacientes en el Área Externa de Salud Mental ha sido toda una
sorpresa. El grupo ha sido muy participativo desde el principio. No
ha habido nada de miedo a lo desconocido, lo cual hubiera sido muy
normal. Cada participante se ha lanzado a las actividades con ganas
y han salido trabajos muy expresivos e imaginativos. Los comentarios
de los participantes sobre sus trabajos muestran sensibilidad,
confusión, dolor, vitalidad, creatividad, aislamiento, afecto, y
deseo; en fin, toda la gama de emociones humanas que todos
compartimos.
¿Qué hay de sorprendente en todo
esto? Pues, que cada vez que abres una ventana al alma es como la
primera vez. A veces las personas que sufren las enfermedades
mentales se presentan con el aspecto de un edificio desalojado. Es
un momento eléctrico cuando ves a la persona dentro asomarse a la
ventana. Y cada vez que descubro una persona viva dentro de lo que
parecían fachadas y escombros (y eso no solo pasa en el hospital,
también pasa con gente aparentemente exitosa), siento que he
recuperado una parte perdida de mi propia humanidad, me siento algo
liberada de las viejas estructuras que pesan sobre mí. Vengo para
ayudarles a abrir ventanas, y me voy con mi vista cambiada. Así que
doy mis gracias a todos los participantes por haber compartido sus
mundos con tanta generosidad. Estoy muy impresionada por la buena
voluntad de cada uno en el grupo.
También quiero agradecer a las
autoridades del Área Externa por darnos la oportunidad de
desarrollar esta experiencia y espero que valoren que el taller ha
tenido una contribución positiva. Finalmente, quiero dar mis
gracias a Esther Sanz, psicóloga del Área Externa, una gran ayuda y
compañera como co-terapeuta del taller, y a Cachi Gómez, por su
chispa y apoyo incondicional.
Janet Eichenberger, monitora del taller
de arteterapia, Master en psicología y psicoterapia analítica.