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sábado, 25 de junio de 2011

El taller de arteterapia



En estas fechas en que hemos realizado tres sesiones del taller de arteterapia, me gustaría compartir mis primeras impresiones con los participantes y todos aquellos que puedan tener interés.

Para los lectores que no están en el taller, permítanme primero explicar un poco el mismo. A pesar del nombre, la arteterapia no está enfocada a producir obras de arte, sino a expresar algo de nuestro mundo interior a través de formas, colores y esculturas. Este mundo puede ser bello o feo, armónico o caótico, dinámico o deprimido. 
Primero, relajamos el cuerpo, despertamos los sentidos hacia fuera y hacia dentro, y luego dejamos que las manos busquen el camino con los materiales. Al final de cada actividad tenemos un trabajo concreto que revela algo de la persona que lo ha hecho, una vista pequeña de cómo está viviendo cada persona su mundo en este momento. Cada uno toma un momento para contemplar el trabajo expresivo que ha salido de sí y luego, si le apetece, comenta al resto del grupo qué ve y siente en el trabajo realizado.

Casi siempre hay algo sorprendente en las creaciones, vemos partes de nosotros mismos que habíamos olvidado, y vemos aspectos insospechados de los demás. Al hacerlo en grupo también es un ejercicio  para dejarnos ser vistos. Al mismo tiempo, reconocemos emociones comunes en los demás que suavizan nuestros juicios de ellos.

Realizar el taller con este grupo de pacientes en el Área Externa de Salud Mental ha sido toda una sorpresa. El grupo ha sido muy participativo desde el principio. No ha habido nada de miedo a lo desconocido, lo cual hubiera sido muy normal. Cada participante se ha lanzado a las actividades con ganas y han salido trabajos muy expresivos e imaginativos. Los comentarios de los participantes sobre sus trabajos muestran sensibilidad, confusión, dolor, vitalidad, creatividad, aislamiento, afecto, y deseo; en fin, toda la gama de emociones humanas que todos compartimos.

¿Qué hay de sorprendente en todo esto? Pues, que cada vez que abres una ventana al alma es como la primera vez. A veces las personas que sufren las enfermedades mentales se presentan con el aspecto de un edificio desalojado. Es un momento eléctrico cuando ves a la persona dentro asomarse a la ventana. Y cada vez que descubro una persona viva dentro de lo que parecían fachadas y escombros (y eso no solo pasa en el hospital, también pasa con gente aparentemente exitosa), siento que he recuperado una parte perdida de mi propia humanidad, me siento algo liberada de las viejas estructuras que pesan sobre mí. Vengo para ayudarles a abrir ventanas, y me voy con mi vista cambiada. Así que doy mis gracias a todos los participantes por haber compartido sus mundos con tanta generosidad. Estoy muy impresionada por la buena voluntad de cada uno en el grupo.

También quiero agradecer a las autoridades del Área Externa por darnos la oportunidad de desarrollar esta experiencia y espero que valoren que el taller ha tenido una contribución positiva. Finalmente, quiero dar mis gracias a Esther Sanz, psicóloga del Área Externa, una gran ayuda y compañera como co-terapeuta del taller, y a Cachi Gómez, por su chispa y apoyo incondicional.

Janet Eichenberger, monitora del taller de arteterapia, Master en psicología y psicoterapia analítica.

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