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lunes, 22 de abril de 2013

Impresiones de los alumnos del Instituto de Enseñanza Secundaria Cabrera Pinto tras la charla de Saltando Muros



"Una charla original, útil y didáctica. Gran profesionalidad y con buenos participantes. He aprendido cosas de las que de vez en cuando me han surgido dudas. También conseguí quitarme de la cabeza aquellos estereotipos de “loco” de los cuales la sociedad y los medios de comunicación nos hacen ver. Gracias por la charla y un saludo".

"Una charla muy cercana y amena, verdaderamente interesante, muy agradable y clara, se ha entendido muy bien, sin duda la recomendaría, hay algunas impresiones que han cambiado, sobre qué tipo de actividades y cómo actúa la medicación sobre el individuo tratado. Esto nos ayuda un poco a abrir la mente y a ser más realistas a la hora de tratar este tipo de temas. Desconocía que fueran tan frecuentes este tipo de trastornos, y tampoco sabía que se desarrollaran a temprana edad. Si pudiera colaborar en alguna actividad de voluntariado pienso que sería una situación gratificante. Si pudiera ayudar en algo aquí dejo mi correo....".

"Esta charla me ha parecido muy interesante y muy bien hecha. Me ha ayudado a comprender mejor todo lo relacionado con este tema, pero lo que más me ha impactado ha sido la situación que nos ha contado Enrique. Es una persona que me ha trasmitido una personalidad muy valiosa y que ha luchado por una vida mejor. En resumen, esta charla yo creo que ha servido de gran información a toda la clase".

"El taller ha sido muy instructivo e interesante, al principio no tenía ni idea de lo que era tener un trastorno mental, lo que sabía lo asociaba a lo que me habían contado o a lo que había visto. Pero ahora, gracias a la charla, tengo más noción de lo que es la esquizofrenia y los diferentes trastornos relacionados a ella. Me ha ayudado a comprender a la gente con este trastorno y he adquirido información que era totalmente desconocida para mí antes. Sin duda, es un taller que se debería impartir por todos los institutos para que la gente tenga información sobre el tema y no catalogue a la gente por su condición mental, porque no se puede asociar ciertos síntomas a todos los trastornos, porque hay infinidad de casos".

"Esta charla me ha parecido una excelente oportunidad para conocer mejor el mundo de las enfermedades mentales. Hasta ahora mi percepción de este tipo de trastornos era completamente distinta y esta charla me ha permitido abrir la mente, además de conocer un caso real. Además, creo que proyectos como el blog “Saltando Muros” son una gran idea para dar a conocer estas enfermedades y también para ayudar a aquellas personas que las padecen".

"La charla ha sido interesante, me ha aclarado muchas cosas. Yo pensaba por ejemplo que las personas con esquizofrenia veían visiones continuamente, que la medicación los estabilizaba pero no que los remediaba hasta el punto de que la persona enferma llegara a ser tan normal como yo. Gracias por darme la charla".

"La charla me ha parecido bastante educativa, en la que nos develaban bastantes mitos relacionados con las personas con enfermedades mentales. La participación de personas afectadas también ayuda exponiendo casos en primera persona del antes y durante de padecer dicha enfermedad. También nos han explicado la diferencia de vocabulario a la hora de referirnos a personas con enfermedades mentales y la evolución de dicho vocabulario a lo largo del tiempo, empezando por tratarlos de manera despectiva hasta donde estamos ahora, en la que son tratados como personas totalmente normales".

"En mi opinión, la charla me ha gustado porque nunca había recibido una sobre este tipo y me siento bastante atraída por temas que estén relacionados con la mente humana y la psicología. Realmente, me gustó el tener que averiguar quién era la persona que padecía la enfermedad porque me incitó a prestarles atención y a fijarme muchísimo más en todo. Me gustó la charla porque realmente conocía algo muy mínimo sobre la enfermedad y sobre la gente que lo padece y esperaba encontrarme otro tipo de persona, más nerviosa, más alterada. Besitos!".

"Ha sido una charla muy interesante, con gran aprendizaje... Quizá si hubiera alguna manera de introducirse en el papel de la persona con trastorno, sería más sencillo entenderlo. Les felicito por el gran trabajo y por las ganas de cambiar los pensamientos equívocos de la sociedad".

"Esta charla me ha parecido muy informativa porque aunque ya había conocido con anterioridad una persona con esquizofrenia, la visión que he tenido hoy sobre los que la padecen ha sido muy diferente y aclaratoria. Lo que había visto es que los pacientes que padecen este trastorno eran personas que debían estar totalmente vigiladas, con temblores en las manos que les impedía coger bien las cosas y sobre todo, problemas para relacionarse o estar rodeados de gente. Pero los he visto que al igual que existen millones de personalidades, existen millones de formas de lucha contra este trastorno hasta combatirlo".

"La charla me ha parecido muy interesante ya que nunca he tenido ninguna sobre este tema ni estaba bien informada pues el único conocimiento que tenía sobre esto era mínimo por haberlo visto en biología, pero nada más. Sabía que una persona con un trastorno mental era una persona normal que podía tener relaciones e integrarse en la sociedad pero no el hecho de que se podía curar casi completamente, por eso esta charla me ha parecido muy interesante y me ha gustado. Otra cosa es que no tenía ni idea de quien podía ser el o la esquizofrénico/a y cuando ha salido el chico que ha intervenido me sorprendió porque es un claro ejemplo de que una persona con un trastorno mental es completamente normal. Y por tercera vez me ha gustado la charla y por tanto pienso que se debería de hacer y realizar en los centros educativos o hacer programas en la televisión, para ser conscientes de esta información".

"La charla recibida tanto por la psicóloga, la persona con esquizofrenia y las alumnas me ha parecido muy interesante y me ha servido para cambiar mis pensamientos sobre las personas con trastornos mentales ya que por culpa de programas de televisión como CSI o cualquiera de homicidios daban a entender que esas personas eran muy agresivas y que tenían que estar encerradas pero después de haber conocido a una persona con esos síntomas no cabe duda de que pueden progresar y vivir una vida normal. También dar la enhorabuena y felicitarlos por el trabajo realizado".

"La charla ha sido muy interesante porque hemos aprendido cosas sobre los trastornos mentales ya que nunca nos habían dado una charla de este estilo. Gracias a ella esos estereotipos han cambiado porque por lo que hemos podido ver actúan y son personas como todas las demás. Por último, me ha gustado mucho la intervención de la persona con trastorno mental porque ha sido un acercamiento más directo a su experiencia. En definitiva, esta charla ha sido muy completa, ya que gracias a Esther hemos aprendido más información y nos hemos concienciado de todos los trastornos que puede sufrir una persona".

"Me ha parecido la charla muy interesante e informativa. Nos ha servido para saber cosas de las que no teníamos constancia como por ejemplo mitos falsos sobre los enfermos mentales, cómo tratarlos... Ha sido una charla muy efectiva porque no solo nos ha dado información sino que de verdad nos ha mostrado la realidad. Ha sido una buena experiencia haber participado en la charla una persona que tiene esquizofrenia. Se debería dar más charlas de este tipo sobre todo a los adolescentes para que sean conscientes de cómo actuar ante una situación con un enfermo mental. Muchas gracias".

"En un principio tenía una impresión muy distinta de lo que iba a ser estar charla ya que no tenía ni idea de la información que nos han dado sobre esta enfermedad y pensaba que era como lo “promocionan o venden” en los medios de comunicación. Actualmente sé que todo es muy distinto a como pensaba antes, me ha parecido una charla muy interesante y muy informativa y sobre todo pienso que nos hacía falta un tipo de charla así y con esta información. La idea de haber traído a Enrique para que nos hable de los problemas y de la enfermedad en primera persona me ha parecido muy bien y pienso que ha tenido mucha valentía".

"En mi opinión esta charla nos ha ayudado sobre todo a saber como se desarrollan estas enfermedades. Tener testimonios de personas que han padecido estas enfermedades me ha parecido muy interesante ya que te cuenta verdaderamente como ha sufrido la enfermedad y el conseguir superarla. La información que nos han proporcionado sobre qué es una enfermedad mental y cómo se producen, aunque las causas todavía no están claras, me ha ayudado a informarme bastante en este tema. Y según mi experiencia personal yo tuve un familiar que tuvo problemas mentales y que luchando se ha recuperado".

"En esta charla he aprendido lo que es realmente este trastorno. Ha sido interesante y deberían hacer estas charlas con más frecuencia".

"La charla me ha parecido bastante interesante y he aprendido varias cosas que desconocía sobre la esquizofrenia y, sobre todo, porque nunca antes me habían informado tan bien como ustedes. Gracias".

"Me ha parecido muy interesante, me ha gustado mucho y me ha servido para saber más sobre los trastornos mentales. Antes de esta charla no sabía casi nada de este tema y lo que sabía eran todo estereotipos, me ha hecho cambar totalmente mi opinión sobre el tema. Antes creía que eran más violentos. Creo que se deberán dar más charlas de este tipo para informar a la sociedad".

"Me ha gustado mucho la charla ya que nunca nos habían informado tan bien y expresamente sobre los problemas, enfermedades o trastornos mentales que tiene o pueden llegar a tener las personas. Tener de cerca a alguien que padezca de un trastorno mental hace que la charla sea más entretenida, ya que puedes ver con tus propios ojos que son personas normales y corrientes, no son esos “locos violentos” incluso son más valientes que otras personas, por el simple hecho de contar su experiencia en el centro psiquiátrico o sus traumas, problemas".

"La charla me ha parecido muy interesante y he aprendido cosas que no sabía. Hemos tenido un punto de vista diferente, que por lo menos yo, nunca había tenido y que he entendido cosas que no sabía que podrían ocurrir. Me ha parecido, aparte de interesante, una charla muy útil para conocer a la gente que tiene un trastorno, y saber cómo se siente y saber que no son “bichos raros”, sino personas que tiene un problema que tienen que solucionar".

"Personalmente considero muy productiva esta charla porque anteriormente no había recibido este tipo de información que es importante y hasta hoy desconocida para mí. Me ha gustado mucho la actitud de los componentes de esta charla, porque hace que me resulte interesante y también agradezco que nos permitan realizar preguntas y sobre todo conocer a una persona con este trastorno. Me ha resultado muy interesante la imagen del tranvía (que yo desconocía) y sobre todo saber su opinión. Es muy triste que tan solo por el bien de tu empresa, para vender publicidad, no te des cuenta que puedes hacer daño a muchas personas. Sería interesante que más personas de nuestra edad pudieran recibir este tipo de charlas y conocer esta información que considero importante saber y muy interesante. Agradezco mucho su colaboración".

"Yo venía con la sensación de que iba a enfrentarme a una hora de charla aburrida, pero me he encontrado con una forma amena de explicaciones de cómo son en realidad los trastornos mentales, antes de la charla, he de reconocer que tenía la imagen en mi cabeza del típico estereotipo “del loco” pero ahora sé que para nada es así. Me parece muy interesante este tipo de dinámicas donde nos hacen cambiar nuestra forma de pensar, sobre todo que venga alguien que ha padecido la enfermedad, pero que no tiene ningún problema al bromear con nosotros y contar su experiencia. También ha ampliado mis conocimientos, ya que no sabía realmente que eran los trastornos mentales en sí, ahora tengo una vaga idea de ellos, y me parece un tema interesante, ya que muchas personas padecen este tipo de enfermedades y quizá estés desinformado tanto sus familiares como ellos mismos. Concluyo diciendo que me ha encantado y he aprendido sobre este tema que en algunas ocasiones se considera una especie de “tabú” en la sociedad".

"Me ha parecido una charla muy interesante en la que he aprendido muchas cosas. Me gustaría que se pudiera trasmitir a muchas más personas para que se den cuenta de lo equivocadas que pueden estar respecto a pensamientos erróneos sobre personas con esquizofrenia. Muchas gracias, un saludo".

"Esta charla es muy positiva. Te enseña la realidad sobre los enfermos con TM, y te hace olvidar los prejuicios que teníamos sobre ellos. Me ha hecho aclarar mis ideas y que son tan personas como somos nosotros. La experiencia de Enrique, en un principio puede resultar muy dura, pero su forma de afrontar sus problemas, su capacidad de recuperación es asombrosa, sin duda es un modelo a seguir para los enfermos con TM".

"Me ha resultado una charla bastante ilustrativa, amena e interesante, muy bien enfocada y con un elemento peculiar y llamativo: la voz de la experiencia, un caso verídico y así poder desterrar cualquier tipo de tópico incierto acerca de los TMs. La presencia de estudiantes de psicología también ha dado un plus a una charla cercana y con una muy buena oradora, esencial en cualquier charla digna. Un saludo".

"A mí la charla me ha parecido constructiva y aclarativa porque muchas personas no los aceptan y los apartan, y sobre todo son personas y hay que tratarlos igual que a todos".

"Esta charla me ha hecho reflexionar, en cierto modo ha cambiado mi concepción o la idea que tengo en cuanto a los trastornos mentales, la esquizofrenia y la gente que los padece. La publicidad y los medios de comunicación dan una idea completamente equivocada y tratan este tema sin respeto y sin conocimientos, alejan a las personas que tienen estos problemas de la sociedad más de lo que ya están. Me ha parecido una muy buena charla, que todo el mundo debería de tener, y así normalizar más todo el tema".

Colgado por Esther Sanz (Psicóloga Clínica Área Externa Salud Mental)

domingo, 31 de marzo de 2013

Realidades y mitos sobre salud mental: mi enfermedad mental tiene tratamiento, ¿tu prejuicio tiene cura?




“Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamientos como pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas sonadas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo”

Casi nadie dudaría de la belleza con la que Cervantes describe el momento en que nuestro querido Don Quijote de La Mancha “pierde el juicio”. Y sin embargo, aún existiendo una tendencia literaria y artística a embellecer la “locura”, son pocos los que la aprecian. Las ideas erróneas en torno a la enfermedad mental, de peligrosidad e incapacidad, parecen superar los mitos que la consideran un estado admirable o grandioso, digno de un Quijote. La realidad objetiva de lo que es y no es un problema de salud mental poco o nada tiene que ver con las creencias populares transmitidas en nuestra sociedad desde tiempos inmemoriales. Quizás esto se deba a que el ser humano está menos preparado para comprender la enfermedad mental que la enfermedad física y por este motivo, crea que se trata de una alteración rara y poco frecuente. La OMS (Organización Mundial de la Salud) sugiere que la enfermedad mental es una alteración de tipo emocional, cognitivo o del comportamiento en la que pueden quedar afectados aspectos físicos y procesos psicológicos que dificultan la adaptación de la persona a su entorno social y cultural. Pensar que esto ocurre en el menor de los casos es erróneo: los trastornos de salud mental representan el 12,5% del total de los problemas de salud, un porcentaje superior al cáncer o a los trastornos cardiovasculares.
La imagen fascinante o devastadora que suscita el sufrimiento asociado a la vivencia de quien experimenta un trastorno mental suele estar relacionada con dos creencias altamente arraigadas en el término de “locura”: el mito del artista loco y el prejuicio del loco agresivo. Si bien es cierto que a menudo se asocian creatividad y enfermedad mental, parece ser que el puente que une “talento y locura” es la alta sensibilidad. Se dice de la personalidad creativa que está más abierta a la emoción y a la intuición, mientras que la experiencia psicótica, por ejemplo, podría activarse en función de la sensibilidad al contexto. Ambos pueden coexistir por azar en un mismo individuo, pero en ningún caso la creatividad procede de la “locura”, ni un problema de salud mental procede de la creatividad. Del mismo modo, no hay razón para pensar que existe una relación directa entre agresividad y enfermedad mental o que la violencia sea un síntoma de este tipo de trastorno. La investigación al respecto ha observado que la probabilidad de que una persona con este diagnóstico cometa un acto violento es la misma que tiene cualquier otra. Datos sobre salud mental facilitados por la OMS afirman que el 98% de personas con enfermedad mental no comete un acto violento en su vida y cuando esto ocurre, es porque no está siendo atendida como necesita. Es más, estas personas son más víctimas que autores. Según algunos estudios, quien padece una enfermedad mental sufre actos violentos hasta 14 veces más que la población general.
Desmontar estos y otros tantos mitos es necesario para una recuperación de la enfermedad. Recuperar la dignidad del ser humano, ignorada durante las prácticas manicomiales anteriores a la reforma psiquiátrica de 1986, es esencial para que la persona que experimenta síntomas de enfermedad mental encuentre de nuevo el sentido de vivir en sociedad. El aislamiento, la medicación amordazante y las etiquetas alienantes no favorecen la integración de la persona en su comunidad natural. Se necesitan corrientes comprometidas que hagan posible la recuperación, reinserción y atención integral en salud mental. Un ejemplo de ello son las asociaciones que identifican y reivindican las necesidades y derechos de este colectivo. En esta dirección avanza AFES, la primera asociación de salud mental fundada en Canarias para la atención de familiares y personas con enfermedad mental. Con más de 35 proyectos en activo y cerca de 600 asociados, atiende anualmente a más de 800 personas. Para no dar pasos atrás desde “el cierre de los psiquiátricos”, AFES apuesta por la inversión en salud mental, la coordinación sociosanitaria y el mantenimiento de la actual red de recursos sanitarios, psicosociales y familiares: unidades de salud mental, equipo comunitario asertivo, atención domiciliaria especializada, centros de rehabilitación psicosocial, centros ocupacionales, viviendas supervisadas, proyectos de inserción laboral, programas de atención familiar y, por supuesto, servicios que asesoren y faciliten información objetiva y veraz en torno a la salud mental junto con programas que emprendan acciones de sensibilización y empoderamiento. En el 2012, AFES cumplió 30 años desde que se constituyera en 1982, aniversario que lleva el lema de su última campaña de sensibilización: “Mi enfermedad mental tiene tratamiento, ¿tu prejuicio tiene cura?”, una pregunta que la sociedad podrá responder conociendo la realidad de las personas que viven con un trastorno mental.

Texto escrito por Patricia Villena, psicóloga de AFES (Asociación Canaria de familiares y personas con enfermedad mental)

jueves, 7 de febrero de 2013

¡Desetiquétalo!

Nico Florido es un compañero que trabaja con un alto nivel de compromiso en la USMC (Unidad de Salud Mental Comunitaria) de Icod (en el área Norte de Tenerife). Fundamentalmente trabaja, muy codo con codo, con personas con problemas de salud mental graves y su abordaje está muy en contacto con lo sociocomunitario acercándose al entorno vital del usuario y ayudando de esta manera a dimensionar correctamente las complejas situaciones psicosociales que intervienen en los procesos de recuperación de la población que atiende.
Llevo un año coordinando el área de Enfermería Norte y considero a Nico Florido un referente en la Enfermería de Salud Mental Comunitaria. Recientemente me comentó su experiencia personal a propósito de un caso que me pareció muy interesante y que le pedí que compartiera con nosotros a través de este blog.
Nos ha enviado este texto que compartimos con satisfacción con ustedes.

César M. Estévez





¡ DESETIQUÉTALO !

A propósito de la etiqueta diagnóstica hago referencia en este texto a un caso significativo de mi vida profesional. Dejo claro de inicio, que mi intención es abrir una ventana a la reflexión de cuantos profesionales trabajan en el área de la Salud Mental.

En ocasiones observamos premura, inconsistencia, falta de rigor y en definitiva escasa profesionalidad en el acto cotidiano de etiquetar con un diagnóstico determinado un caso que llega hasta nosotros. Con menor frecuencia observo que alguien dé el paso de retirar una etiqueta erróneamente adjudicada a una persona, desconociéndose generalmente quién la adjudicó y porqué. Como mucho, se le añaden otras nuevas a la ya establecida. Certificando cada profesional su impresión diagnóstica del momento, pero sin despegar la etiqueta o etiquetas que cuelgan a modo de losa sobre la espalda del mal nominado en su momento y peor renominado después. Quizás existe cierto pudor en desdecir al colega, quizás la dinámica establecida deja poco espacio a detenerse en un análisis minucioso del caso en cuestión, quizás se oye sin escuchar, se ve sin observar y se etiqueta sin analizar lo mínimamente preceptivo. Es por esto, que te invito a acercarte a mi ventana y escuchar, observar y analizar con el tempo adecuado. Luego, que cada uno ponga o quite etiquetas como estime. Nosotros de momento hemos conseguido quitar alguna.

Érase una vez un jovencito llamado irónicamente Fortunato, por toparse nada más nacer con el infortunio. Pasó su primer mes de vida en una incubadora por su bajo peso, lejos del calor maternal. Al año de vida repitió alojamiento durante varios meses en el hospital por un problema respiratorio. Tras este episodio Fortunato, que era el menor de dos hermanos, perdió el contacto cercano de su hermana mayor a la que sus padres trasladaron a vivir con su abuela debido a las atenciones que la delicada salud de nuestro protagonista requerían. Con 3 añitos su Pediatra lo envió por 1ª vez a Salud Mental debido a su escaso desarrollo del habla, retraso en el crecimiento y lo que parecía una hipoacusia bilateral. Posteriormente, ya diagnosticado de Síndrome de Usher (Retinosis pigmentaria e hipoacusia bilateral) fue sometido a varios estudios Neurológicos descartando éstos otras anomalías. Hemos de reseñar que el entorno rural y el escaso nivel cultural y económico familiar de Fortunato fueron un hándicap importante en su desarrollo, dificultando en gran medida su verdadero potencial.

A los 11 años llegó como desafortunada inquilina la Risperidona a la vida de Fortunato, de la mano de unos denominados “trastornos conductuales” consistentes en: irritabilidad, actitud desafiante y rabietas frecuentes. Coincidiendo esto con su expulsión escolar durante una semana por levantar las faldas a las niñas y pelearse en el recreo. ¡Coño!, qué alivio siento de haber estudiado en otro colegio, porque he de decir y que me perdone el orientador escolar de turno, que yo mismo fui durante tres años seguidos campeón de levantar faldas y pelearme en el recreo de mi cole, título que en mi época daba prestigio al que lo ostentaba. Pero en fin, ya se sabe, las reformas escolares es lo que tienen, son siempre para progresar.

Con 12 añitos, las dificultades de su hipoacusia bilateral severa, su escasa estatura y sus gafas de culo de botella, a nadie se le ocurrió dirigir todos los esfuerzos hacia conseguir que aprendiera lenguaje de signos para sordos o conseguirle audífonos o centrar la atención en facilitarle el aprendizaje. Lo que ocurrió es que a nuestra amiga la Risperidona se le añadió su prima mayor la Tioridazina que debe ser muy buena, pero
que no mejoró en nada la sordera de Fortunato y su dificultad para hacerse entender entre un mundo estridente de niños fornidos, risueños y con esa pizca de crueldad innata propia de la edad. Como colofón final se añade un diagnóstico a la historia que no se sabe bien de dónde viene, pero sí qué significa, se le etiqueta de RETRASO MENTAL.

Tras varios cambios de colegio a otros de “Educación Especial”, cambios que le vinieron "especialmente" mal, es decir que fueron desafortunados para Fortunato, a los 16 años y una vez más derivado como opción de urgencia y nada menos que judicial a Salud Mental, llegó a mi consulta un chico bajito con el gesto contrariado y unas llamativas gafas de pasta. El juez tras la intervención de la Guardia Civil en un altercado en el domicilio familiar ordenó su traslado a urgencias del hospital donde le administraron una ampolla de Zuclopentixol y lo derivaron a su USMC para seguimiento por su Psiquiatra. Previo paso, eso sí, por urgencias nuevamente para “desrobotizarlo” ya que el neuroléptico lo dejó como a Chiquilicuatre haciendo “Er cruzaito”. Pude observar sin mayor dificultad, un chico con ganas de hacerse entender, con unas perritas de rabia, impotencia e incomprensión. Desde luego que de primeras no le encontré por ningún lado ese retraso intelectual o mental al que aludía con luces de neón su etiqueta diagnóstica. Además, su versión de la situación que llevó a las fuerzas de orden público a intervenir en su domicilio fue más que lógica y se resume en lo siguiente: un jovencito con ganas de oír música en casa y una madre con la paciencia minada por las metástasis de un carcinoma. Ah sí, se me olvidaba, como a todos, el chaval no puede apenas oír y claro intenta sentir la música con las vibraciones a todo volumen de los altavoces.

Posteriormente fueron llegando Fluoxetina, Amisulpride, Olanzapina, Flufenazina, Alprazolam, Diacepam, Cloracepato Dipotásico y un sin fin de nuevos invitados a la vida de Fortunato, pero como decía mi abuela: “la mejoría era para peor”. He de decir que en los 20 años de mi ejercicio profesional quizás los momentos más duros en cuanto a la ética se refiere, los he vivido durante el tiempo en el que tuve que administrarle el neuroléptico depot a un chico que necesitaba un libro de instrucciones distinto al de la mayoría, pero que ni por asomo requería de tal tratamiento. Su cara de impotencia en la consulta y su petición reiterada de comprensión eran tan potentes, que sólo su nobleza y claudicación cada 14 días ante el sistema eran de mayor magnitud.


Tras varios años de pelea hemos conseguido cambiar la audición por la escucha, la visión por la observación y tras analizar concienzudamente el caso, Fortunato tiene la merecida fortuna de llevar prácticamente un año sin tratamiento psicofarmacológico alguno. La etiqueta de Retraso Mental se la arrancamos sin acritud, pero con firmeza. No tengo la menor duda de que tendrá dificultades en lo venidero, pero su porcentaje de responsabilidad es infinitamente menor en su desarrollo personal que el lastre que ha supuesto su desafortunado etiquetado desde el día que asomó a este mundo.

¡Fortunato! quiero que sepas que siempre estuve contigo, aunque a veces no lo pareciera. Al sistema se le vence con sistemática paciencia. Y ahora tú que me has leído ya me puedes etiquetar.

PD: El día que estupefacto contemplé a Fortunato contestando con la mayor naturalidad que he visto a nadie. Con su propio móvil a una llamada de su novieta en el momento en el que acababa de recibir una ampolla de Zuclopentixol Acufase más una ampolla de Zuclopentixol depot más una de Biperideno y explicarle cómo se sentía a su manera y con su lenguaje, entendí definitivamente que ganaría su guerra.
No está mal para un enano sordomudo retrasado, ¿No?.

N. Florido Medina.
Enfermero Especialista en Salud Mental.
USMC Icod.

miércoles, 23 de enero de 2013

Ruby Wax: Losing It (Risa terapéutica)

A través del blog Medicina Cuántica conocemos la historia de Ruby Wax una humorista, presentadora y comediante británica creadora del colectivo "Black Dog Tribe" cuya misión principal es la lucha contra el estigma de las personas afectadas por trastornos mentales severos.

¿Y qué hace esta exitosa comediante metida en este mundo? Pues... ser ejemplo de superación personal. Ruby Wax ha padecido depresiones endógenas muy severas de las que con mucho esfuerzo y apoyo ha conseguido recuperarse. Y ha querido mostrar sus vivencias y su particular visión de la enfermedad mental y lo que la rodea de la mejor manera que sabe, mediante el humor.

Las enfermedades del cuerpo generan empatía, nos dice la comediante Ruby Wax, excepto las del cerebro. ¿Por qué pasa esto? Con deslumbrante energía y humor, Wax, desde su personal experiencia, nos insta a terminar con la estigmatización de las enfermedades mentales.

Dice la página web de presentación de su show:
"En algún momento de nuestras vidas, uno de cada cuatro de nosotros se verá afectado por la enfermedad mental...
Ruby Wax lo tenía todo – carrera, casa de ensueño, esposo, hijos, así que cuando fue el momento... comprendió que... ella era ese 1 de cada 4...
Humor áspero y honesto de Ruby conmovedor y divertido. "

Os recomendamos vivamente el siguiente vídeo TED. Hay momentos realmente brillantes.
"¿Qué tienen de divertido las enfermedades mentales? por Ruby Wax"
César M. Estévez (Enfermero especialista de Salud Mental)

miércoles, 26 de diciembre de 2012

La atención a la salud física en personas afectadas por trastornos mentales graves





1- Introducción

Es un hecho indiscutible que la sociedad ejerce diferentes tipos de discriminación (más o menos conscientes) sobre el colectivo de personas afectadas por trastornos mentales graves (TMGs).
Una de las consecuencias de dicha discriminación es la atención inadecuada que reciben estas personas por parte de los profesionales de la salud. 
Por ello, como profesionales de la salud mental, hemos de incluir dentro de nuestras estrategias de lucha contra el estigma actuaciones de sensibilización de profesionales sanitarios sobre la atención a la salud general de personas con TMGs (en este sentido, el próximo 23 de Enero llevaré a cabo una sesión clínica hospitalaria en el Complejo Hospitalario Universitario de Canarias (CHUC)) .
Y es que, siguiendo las argumentaciones del vídeo que encabeza este post, uno de los problemas fundamentales en el tratamiento de problemas físicos de las personas con TMG es la etiqueta que acompaña al diagnosticado y la consecuente subordinación de sus necesidades a dicha etiqueta. En otras palabras: se olvida a la persona que está detrás de la etiqueta psiquiátrica y se tienden a minimizar o negar sus quejas somáticas, eclipsadas tras la fachada "del loco".
Así, al priorizar el control de los síntomas psiquiátricos de los afectados, sucede que síntomas físicos, que en un paciente sin trastorno mental se investigarían, en un paciente afectado por TMG no se les da mucha importancia o directamente se obvian.
Con todo lo dicho, no es de extrañar que mucha gente piensa que el colectivo de personas con TMG se muere principalmente por suicido, cuando en realidad las causas principales de muerte son las enfermedades respiratorias y cardiovasculares.
En definitiva, la tasa de mortalidad en personas afectadas por TMGs es entre dos y tres veces superior a la de la población general, pudiéndose explicar esta fatídica cifra por el mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, respiratorias e infecciosas, sin descartar, así mismo, la mayor tasa de suicidios y accidentes dentro de esta población.

Elyn Saks: en primera persona.


A través del blog "Documentar la recuperación de enfermedades mentales graves y duraderas" de José Luis Menéndez nos hemos encontrado con este valioso testimonio de una persona afectada: Elyn Saks profesora de Derecho, Psicología y Psiquiatría de la Universidad de California.

Para completar su testimonio realizado en las prestigiosas charlas TED os dejamos unos enlaces de artículos que profundizan en la historia de esta luchadora que nos reafirma en nuestra creencia de que la recuperación es posible: Time y Huffington Post .



César M. Estévez (Enfermero especialista de Salud Mental)

miércoles, 10 de octubre de 2012

Día Mundial de la Salud Mental


Hoy, día 10 de Octubre, se celebra a nivel mundial el Día Internacional de la Salud Mental.
En nuestras instalaciones hemos proyectado el interesantísimo documental "SOLO" de Vicente Rubio en una sala llena de un heterogéneo grupo de personas: usuarios (ingresados o no), familias, profesionales y estudiantes. Los compañeros de AFES también se sumaron a la iniciativa.

Posteriormente, se estableció un debate muy rico en el que se trataron temas de relevancia como el peso del estigma en contra de los procesos de recuperación, la falta de información por parte de la sociedad en general, la mala imagen que se tiene de quienes padecen estos problemas, las dificultades sobreañadidas derivadas de las "crisis" en cuanto a los recursos necesarios para favorecer la recuperación, la importancia de mantener la esperanza y el mantener "proyectos de vida" de los afectados.

Hoy, de nuevo, hemos disfrutado de un día especial, de un encuentro en el que se mezclaron las sorprendentes y reivindicativas ideas de un grupo de estudiantes de quinto de psicología con las voces de personas que tras un pijama azul de hospital tenían tanto que compartir. Y las observaciones tan humanas, cargadas de una enorme profundidad de algunas de nuestras compañeras. Y las sonrisas y la gratitud de los familiares.
Tras días como este, nos queda mucho más claro, que solo mediante el esfuerzo conjunto podremos avanzar. Que ninguna palabra sobra. Que ya falta menos para llegar.





Muchas gracias a todos los que pudieron acompañarnos.

Saltando Muros


jueves, 9 de agosto de 2012

Capicúa (Blog "Esquizofrenia")

Dentro de nuestro capítulo de colaboraciones en la blogosfera hoy os presentamos a Misha*, una joven estudiante mexicana, apasionada de las letras y fantástica escritora que tiene un blog francamente recomendable llamado "Esquizofrenia" donde nos habla de su vida y de cómo lucha con coraje por convivir con las voces que en ocasiones la aislan y atormentan.
Misha, al menos en su blog, es todo luz, transmite e irradia sinceridad, hasta en los momentos más oscuros. Y tras haber contactado con ella ha tenido la amabilidad de escribirnos un texto para nuestro blog.

César M. Estévez

CAPICÚA



Siempre me ha gustado pedir deseos. La clase de deseos casi  imposibles, claro está; ser más alta, más lista, más bonita y todas esas patrañas que las personas necesitan para ser felices. Nunca busqué estrellas fugaces, sobre el manto de contaminación que cubre nuestras noches nunca he visto más de cuatro o cinco estrellas. Mis deseos siempre dependían del azar. Si pasaban cuatro autos rojos seguidos sacaría diez en mi examen de matemáticas, o si lograba hacer dos parados de manos en gimnasia no reprobaría inglés, a la fecha continúo haciendo eso. Me da alguna clase de seguridad dejar las cosas a la suerte, por extraño que suene, siento que me deslindo de cierta responsabilidad. Por eso, cuando descubrí las capicúas, sentí que había encontrado algo justo para mí. La certeza de que siempre  llegará  una hora que no variaría de al leerse de izquierda a derecha o de derecha a izquierda, contra el azar de estar a tiempo para presenciarlo. 11:11, un número mágico, indicado para pedir deseos.
Si bien mis primeros deseos llevaban aquella pizca de azar y aquel mucho de dedicación propia, los deseos que pido ahora están muy lejos de lograrse. Ya no es asunto de la consagración que ponga o no a conseguir lo que quiero, no. Es un asunto que se me sale de las manos, que no controlo; no puedo quitármelo de encima aún si pasan noventa carros amarillos conducidos por payasos.  Cada capicúa que pasa deseo lo mismo, cada doce horas el reloj me da la oportunidad de pedir alguna clase de suerte y cada doce horas resulto en lo mismo. Deseo no estar enferma. A mis diecinueve años, –después de tres años y contando–, aún deseo con todas mis fuerzas no tener esquizofrenia.
Las capicúas son importantes para mí. Me es importante saber que, al menos, aún puedo elegir no querer esto. Hace poco escuché en la televisión que, para un psiquiatra, anunciarle a su paciente que tiene esquizofrenia, es el equivalente de un doctor dando el diagnóstico de cáncer. Nunca había caído una verdad tan grande sobre mi cabeza y, como todas las verdades que he afrontado en los últimos años, la manejé sola. Así son estas cosas, diría mi bisabuela. Así es esto de vivir con tu cruz, respondería mi bisabuelo. Lo cierto es que el psiquiatra, que –tras meses de consultas, formularios y estudios– me anunció la presencia de un cuadro psicótico, parecía haber tragado algo asqueroso. No recuerdo que me haya visto a los ojos. Yo recuerdo el piso, el cielo y la sensación de caída. Supongo que no es fácil decirlo y, por experiencia, menos fácil resulta asumirlo. La vida se convierte en algo casi normal. Es casi normal escuchar voces, casi normal no recordar como regresar a casa, casi normal asumir que todos te odian y es casi normal odiarme con todas mis fuerzas.
Me odio desde la punta de los dedos hasta la coronilla. Odio mi cuerpo, mi figura, mi complexión, mi expresión ausente, mis ojos sin brillo, mis labios caídos. Odio mis sarcasmos, mi inglés mal escrito y peor pronunciado, la manera en la que siempre me siento atacada, la ansiedad que me inunda a cada momento y el desapego que tengo hacia casi todo. Odio que mi voz nunca se escuche, pero odio más que se asemeje al ruido de algún ratón. Me aborrezco por mentirosa, son tantas las estupideces que he hecho y dicho que ahora tengo que encubrir una mentira con otra aún más grande. A veces me pregunto si voy a reventar con todo esto que me guardo. Odio no poder vivir una vida si no es a través de libros. Odio no saber ser leal. Odio tenerle miedo a todo. Odio la manera en que mi espalda siempre está encorvada, eso grita derrota y, lo peor es, que sí. Me siento derrotada. Odio a quien sea que me devuelve la mirada en el espejo cada mañana y que parece haberme robado algo. Veo mi vida pasar, se va alejando cada vez más, y no logro alcanzarla. Sencillamente  no estoy aquí.
No fue el diagnóstico lo que me arrancó de donde sea que estuviera sosteniéndome. Desde hacia mucho me tambaleaba, aquel día sólo fue la representación de un golpe de gracia. Nunca he logrado coincidir con las personas, siempre he sido terca y con mal genio. En mis primeros años de escuela tenía impulsos violentos, arañaba y mordía a mis compañeros. A la fecha me cuesta mucho controlar mis accesos de mal humor o de ira, golpeo paredes, araño mis brazos, entierro plumas en mis piernas, rasgo mis hombros con navajas. No es un acto de ‘mírenme, mírenme’, no es algo que controle. Muchas veces quiero detenerme, porque me duele, porque sé que es estúpido, porque ya no hay motivos para seguir molesta; pero sigo, sigo hasta que se me van las fuerzas, hasta que ya no siento ansias. Así es con todo; me obsesionan mis errores, mis fallos. Siempre regreso a buscar lo que sea que haya hecho mal esta vez, aunque no exista razón. Por las noches, cuando me siento desfallecer, se enciende una radio en mi cerebro. Voces, voces, voces. Conocidos y completos extraños comienzan a farfullar y vociferar en mi cabeza. Algunas cosas no tienen ningún sentido, otras me  preguntan por qué no hago nada bien, yo misma me lo pregunto.
Durante un tiempo, casi seis meses, veía una sombra con ojos rojos arrinconada en mi cuarto, observándome. Sí, lo sé, suena a película de miedo o alguna de esas cosas. Pero sólo éramos él y yo, él preguntando para qué vivir y yo respondiendo para qué morir. Ahora permanezco presionada por cosas que yo sola me invento, lo que sea para mantener mi cabeza ocupada; no me gusta estar sola. Al estar sola puedo rumiar sobre pequeñeces que, al ser recordadas, no parecen tan pequeñas. Si no tengo algo que hacer o alguien con quien hablar comienzo a sentirme ansiosa. Salir a la calle se ha vuelto un fastidio, a veces me olvido de como regresar a casa, cuál es la línea de metro que debo tomar o el autobús que debo abordar. A veces, sin más, exploto. Tiemblo, desconozco a las personas que me rodean, estrecho mis piernas y espero que al abrir los ojos todo haya vuelto a mejorar, pero no. Cuando logro calmarme no recuerdo que hice, que dije, que pasó.
Y esto sigue, sigue, sigue... Algo me carcome, me oxida. Por eso pido tantos deseos, por eso espero con devoción cada capicúa. Tal vez me llamen y digan que esto es un error, que es algo temporal. Cuando me dieron el diagnóstico me explicaron que esto iría en aumento por los siguientes cinco años y, que tras ese tiempo, bien podría mejorar o terminar en una clínica. Ya estuve en una clínica. Constantemente me pregunto cómo esto puede llegar a empeorar y, como por gracia divina, siempre me llevo alguna sorpresa nueva.
Mi familia lo ignora. Somos mi papá y yo, viviendo solos en una casa tan pequeña que nuestros problemas no caben y escapan por las ventanas. ¿Con qué cara se lo digo? Sabe que voy a ver a un doctor, pero no conoce la diferencia entre psiquiatra y psicólogo. Para él sólo es una excusa mía para no estar en casa. Mis dolores de cabeza son producto de tener dos gatos y estar respirando su pelo; mi ansiedad es producto de no hacer nada. Lo demás ha logrado no verlo, mucho tiene que ver con que casi nunca estemos juntos. Los medicamentos han sido un problema, pagarlos, conseguirlos, todo. Las consultas médicas implican gastos, el seguro médico no quería cubrirlos y, cuando aceptaron, fue tras casi un año en el que no tuve doctor. El día que decidieron internarme mi padre aceptó  apenas escuchando de qué se trataba, para él sólo fue una de mis tantas ocurrencias, pero igual no tuvo que pagar.  Mi abuela me cuidó por mucho tiempo y, tal vez, fue ella la única en saber lo que me pasaba. Pero una mañana desperté para saber que había muerto y, así, terminar de morir con ella.
Entonces, así  he caído, a despertar y desear no tener esto. Si las personas escucharan sería un logro, pero no. Para ellos la esquizofrenia es estar loco y punto. Jamás se nos permite aquel papel humano en el que tenemos sentimientos y en el que la palabra ‘loco’ atraviesa como un cuchillo afilado. Tantas veces me han dado la espalda, tantas veces se han quedado en silencio y después  reído, esperando que sea broma.  Jamás se detienen a pensar en lo delicado que es no saber que será de ti mañana. No saber si despertarás y serás capaz de seguir con tu vida, pretendiendo que nada pasa. Pretendiendo que tu cerebro no se desgasta y nada de esto te afecta.  Y después prendes el televisor y la primera serie que sintonizas dice que ‘asesinó a su mejor amigo porque tenía esquizofrenia’, y te paralizas al pensar que bien podrías ser tú. A veces no sé que me afecta más, la enfermedad o todo lo que se espera de ella.
Esperan que vaya por las calles proclamando el fin, que tome un arma y asesine a todo un salón de clases, que me tire en un rincón, que me mate, que… Ya no sé que tanto esperan de esto. No sé si estoy o no predispuesta a pensar que algún día acabaré así. Hay días en los que no puedo salir de mi cuarto por miedo a lo que hay en el mundo y hay días en los que estoy perfecta hasta que algo, o alguien, me recuerda que se supone que debo ser un maldito monstruo. A esto se reduce la vida casi normal, a que los demás esperen lo peor de alguien que no controla lo que tiene. Yo no pedí esto, no lo busqué y jamás lo esperé. Ahora que lo vivo, ahora que atravieso esta línea de persona sana/persona enferma, ahora me cuestiono quienes son los monstruos. Nosotros, personas con algún trastorno mental que cada día despertamos dispuestos a combatir a nuestro peor enemigo, nosotros mismos, aún a sabiendas de que llevamos al batalla perdida de antemano. O ellos, personas sanas y vivaces, que no están dispuestas a escuchar que la razón deambula tras el camino de la locura. Es tan sencillo terminar así, tan sencillo dar un paso en falso y perder lo más valioso, lo más vital, perderte a ti mismo.
Despierto esperando ver zapatos diferentes bajo la cama, pero no es así. Sin embargo, amo la vida y amo los pequeños instantes de la misma, la amo más sólo por saber lo fácil que me puede ser arrancada ésta realidad. Cualquier día, sin previo aviso, puedo despertar y desconocer cada espacio, cada momento y cada recuerdo que me constituye. Entonces, ¿quién me va a tender su mano? ¿Quién va a olvidar todas esas capas de estereotipos para encontrarme, para encontrar que no soy un peligro? Supongo que es eso lo que más temo, lo que sea que viene después, cuando ya no puedo ser fuerte y tengo que afrontar que las personas son demasiado personas. Que temen demasiado a lo que no entienden. Sí, hoy me prometen una mano amiga, una compañía infalible, un pulso firme; pero mañana todo esto puede cambiar. Mañana puedo ver como se alejan, ¿a qué me atengo? ¿A quién espero? Tal vez por eso sigo creyendo en las capicúas, tal vez me espero a mí misma. Mi propia mano que me levante, antes de que alguna otra corriente me arrastre.
Son las 11:11. Cambiemos esto, cambiemos el deseo. Deseo, que por un momento, por un segundo, no pretendan entenderme. Jamás me van a entender, ni a mí ni a lo que me ha tocado llevar. Pero sí pueden comprender, comprender que lo último que necesito es creer que esto es mi culpa. Comprender lo útil que es que alguien te escuche, que alguien se detenga junto a ti a mitad del camino mientras tomas un descanso. Yo quiero terminar el camino lo mejor posible, pero creo que voy a tardar un buen rato y me es muy incierto a donde voy a llegar. Pero no puedo perderme, no tengo a dónde ir. 11:12. 
Texto escrito por Misha* del Blog Esquizofrenia (Publicado con su autorización)

lunes, 16 de julio de 2012

El Revés del Tapiz de la Locura. El Dr. Pacheco Borrella entrevista a Adriana Leira (directora del documental)

 
El revés del tapiz de la locura - Documental España 2008 . 56' from El revés on Vimeo.

Publicada previamente en Presencia. Revista de Enfermería de Salud Mental.
Presentación

Adriana Leira es una cineasta que viene dedicando su tiempo y sus energías a producir largometrajes documentales acerca de temas sociales que son de vigente actualidad. Entre ellos destaca El revés del tapiz de la locura (producido y estrenado en 2007), que refleja parte de la historia personal de un grupo de ciudadanos y de ciudadanas que tienen en común mucho más que un diagnóstico de trastorno mental: su lucha contra la estigmatización, la discriminación y la exclusión; es decir, la aceptación de la locura por parte de la sociedad. Estas personas forman parte del colectivo de Radio Nikosia, la primera emisora en España que trasmite desde la llamada locura. Las nikosianas y los nikosianos son un colectivo de alrededor de 25 personas, diagnosticadas de distintos trastornos mentales, que emiten un programa semanal en Radio Contrabanda; y además, colaboran cada viernes en el programa "La Ventana", que emite la Cadena SER y que dirige la periodista Gemma Nierga.
Con este documental, Adriana Leira, ha conseguido dar voz a los que a menudo son olvidados -los desfavorecidos, los marginados-, para que expongan sus puntos de vista; y no solo eso, sino que además ha conseguido mostrar la otra cara de la locura, aquella a la que quiere ser ajeno cualquier miembro del grupo social de referencia. Aquí los protagonistas cambian los roles preestablecidos, utilizando como único medio expresivo "su propia voz".
El revés del tapiz de la locura, tras cosechar distintos premios, ha sido presentado por su autora y por algunos de sus protagonistas, el pasado día 15 de abril de 2011, durante el XXVIII Congreso Nacional de Enfermería de Salud Mental, celebrado en Tarragona. Durante su estancia en este foro enfermero, la Sra. Leira accedió con amabilidad a ser entrevistada para Presencia.


Entrevista

Pregunta: Locura, loco, loca, majareta, majara..., voces tabúes pero incorporadas al imaginario colectivo, ¿no cree usted?
Respuesta: Son palabras, un vehículo de comunicación. Somos seres sociales a través de la palabra. La connotación de la palabra "loco" depende de la manera, el lugar y el contexto; donde y quien lo diga. Si usted me pregunta en referencia al estado español le diría que tiene una connotación negativa, la palabra "loco" es innombrable. Hace unos días fui invitada a una presentación de cortos realizados por personas psicodiagnosticadas, coordinado por profesionales del audiovisual y que sponsoreaba un banco muy conocido, y me llamó la atención que no se mencionara dentro del discurso la palabra "locura"; por lo tanto, lo que no se nombra no existe, es negado, hay que ocultarlo.

P: ¿Cómo y cuándo se produce el contacto con los miembros de Radio Nikosia?
R: El contacto con mis amigos y amigas de Radio Nikosia se produjo en el año 2006. Yo estaba investigando sobre la esquizofrenia, necesitaba entender que era esa enfermedad tan dura, y a través de un colega conocí a Martín Correa, coordinador de la radio, argentino, y un gran conocedor de Radio La Colifata de Buenos Aires. Necesitaba hablar con los locos y que me contaran sus historias. Es más, recuerdo que hicimos una pequeña reunión y les conté lo que estaba haciendo y que quería oír sus historias. Me dijeron que si. Ese día participé del programa como oyente y pude vivirlos. Hablaban de sexo, viajes, política, pastillas, música, amor, como cualquiera; como usted y como yo. Me sentí muy bien acogida y escuchada. Me llevé una fuerte impresión. Allá en Nikosia pasaban cosas reales: la locura era nombrada, cuestionada, reflexionada y a veces comprendida.

P: ¿Qué le motivó a difundir la labor que están realizando los miembros de Radio Nikosia?
R: El documental tiene la virtud de hacer llegar la historia nikosiana a lugares del mundo que de otra manera no sería posible. A través de las proyecciones en festivales de cine, salas, hospitales, centros culturales, congresos, lo que realizamos es un trabajo de equipo, intentamos generar debate y acción con el público presente. Todo esto tiene un origen: la sensación de que el documental es de todos los que participamos en él; a partir de la relación entre el equipo nikosiano y el de realización, compuesto por cinco mujeres. Cada uno colaboró en áreas diferentes como edición, sonido, cámara. Y las entrevistas a los profesionales las trabajaron los redactores: Xavi, Dolors, Princesa Inca, Naxo, Víctor, José Luis, Joan, Raúl. Fuimos elaborando el documental con enorme tesón, a pulmón. Fue un tiempo creativo, participativo. Ellos se implicaron de corazón y nosotras recibimos mucho apoyo y nos alimentamos de él. Con Elena finalizamos las entrevistas realizadas a los nikosianos, mientras Viviana terminaba la edición. Lo único que trabajamos previamente fue una "idea ó esencia" de lo que queríamos decir con el documental. Y para eso hubo una tormenta de ideas surgida en el bar de la esquina de la radio, en la Plaza Real de Barcelona, entre cafés y cigarros. La frase inicial en cada entrevista a un profesional debía ser: "Y para ti ¿qué es la normalidad?" Hoy en día, después de las proyecciones, el público, la gente, se lo sigue preguntando.

P: ¿Cómo surgió la idea de crear El revés del tapiz de la locura?
R: Estaba en la segunda reunión en Nikosia, éramos unas veinte personas, sentadas en círculo. Ese día Princesa Inca comentó que habían emitido un reportaje en la televisión cuya protagonista era una redactora nikosiana. Nos comentó que lo único que había recalcado el periodista era la cantidad de medicación que tomaban los "enfermos mentales". ¡Estaba indignada! Otra vez la sombra estigmatizadora de los medios de comunicación. Entonces Inca dijo: ¿Y por qué no hacemos nosotros mismos un documental? En ese momento sentí que ahí estaba la historia. Se había creado un espacio real, de forma natural, un lugar donde iban a ser escuchados, una nueva forma de expresarse además de la radio. Tomaron la palabra. Durante la realización tuvimos presente una premisa: "ni victimismos ni paternalismos." A partir de ahí empezamos a rodar.

P: ¿Cuál es su mirada hacia las personas que padecen trastornos mentales graves y menos graves?
R: Uno de los seres más intensos que marcó mi infancia fue mi tía Olga, la hermana de mi madre. Ella a veces nos cuidaba, nos hacía comidas ricas, jugábamos, e incluso a veces recibíamos algún regaño. Y estaba diagnosticada de esquizofrenia. Para mí era mi tía "excéntrica y pasional." En mi familia estaba incluida, no excluida; por lo tanto en mi imaginario existe una naturalización de la locura, es una mirada que escucha atentamente, sin el velo del miedo.

P: En la estigmatización, ¿qué papel juega el miedo a lo desconocido?
R: Claro. El miedo a lo desconocido a veces es una buena excusa para no relacionarse con un otro diferente, "ese que es diferente a mi". Es cierto que dentro de la estigmatización encontramos un abanico de prejuicios, empezando por el estigma del "loco violento". Sin embargo, existen recovecos invisibles que hay que denunciar, como la discriminación al loco pobre. Y no digamos si se trata de una mujer. La condición de pobreza y sexo agudizan el dedo social acusador.

P: ¿Por qué la diferencia genera rechazo y desconfianza?
R: La diferencia genera rechazo y desconfianza en una sociedad porque se prioriza el desinterés, el adormecimiento, la falta de memoria. Una sociedad que no quiere verse, que se sienta de espaldas a la ventana, que ve la vida pasar a través de un canal de televisión. Eso es triste. Por suerte, no todo el mundo es así. Y existen personas que luchan con firmeza, que piensan, que creen, que se manifiestan a favor de la creación de nuevas redes sociales, no verticalistas ni de pensamiento único. A partir de este modo de vernos, de manera horizontal, de tú a tú, de igual a igual, surge el concepto, la idea de que las diferencias generan riquezas. Y la experiencia es demostrable, miremos sino la evolución misma de Nikosia.

P: La falta de información genera fábulas y leyendas que perpetúan el estigma. ¿Hasta qué punto cree usted que una estrategia informativa/educativa puede promover cambios de valores en el grupo social y fomentar actitudes positivas hacia el paciente mental?
R: Te respondo desde mi lugar de documentalista, de persona que trabaja con personas, desde y con el arte. Considero que los valores de un ser humano se gestan desde la cuna, es lo que te inculcaron tus padres, tus madres, los que rodeaban tu mundo. A veces la educación de las escuelas resulta muy perjudicial, pero aún así pienso que hay maestros preparados para cultivar. A partir de ahí, el arte, la educación, las líneas de pensamiento, deben generar alternativas humanísticas. Yo me acerco a ti porque eres como yo, humano. Y quiero conocer qué te pasa. Me intereso por ti. Pienso que ahí está la clave, es saber escuchar al otro, y me parece que es algo que todavía necesitamos construir como sociedad.

P: Su documental, ¿hasta qué punto puede considerarse una protesta social, como estrategia de lucha contra la estigmatización del paciente mental?
R: Más que considerarlo un documental de protesta social El revés del tapiz de la locura es un relato a voces, que refleja una suma de realidades. No protesta, dice lo que ve. A través de su discurso teje una serie de preguntas y construye una propuesta para que el espectador analice por sí mismo. Mucha gente después de ver el documental nos cuenta sus historias, nos explica con qué personaje de la historia se ha identificado, qué frase les ha resultado más reveladora. El público nos ha devuelto pensamientos y acciones. Tanto, que a partir de ver el documental, en algunos lugares se han generado espacios nuevos, como Radio Aurora de Lisboa, entre otros ejemplos.

P: Evitar el ocultamiento y promover el contacto social, ¿hasta qué punto cree usted que es positivo para promover actitudes igualmente positivas en el grupo social?
R: Pienso que la indiferencia es peor aún que el ocultamiento, es una cuestión de conciencia. El adormecimiento social, la inercia colectiva, la pasividad ante el dolor, el silencio obligado, son conductas que hay que revisar, analizar y reparar de forma individual y como grupo social. Y abrazar las palabras que incluyen, que abren puertas, que permiten mirarnos y reconocernos de tú a tú.


Germán Pacheco Borrella 
Doctor en Enfermería por la Universidad de Alicante. Enfermero especialista en Salud Mental. Antropólogo.
Director de Presencia Revista de Enfermería de Salud Mental. Cádiz, España

jueves, 26 de abril de 2012

Anatomía Humana (Crítica literaria)

Pues sí, el título no es ninguna metáfora. “Anatomía de un espejo roto. Levántese quien pueda y otras locuras”, la ópera prima de Raúl Velasco Sánchez (periodista en diferentes medios y soportes), es un tratado de anatomía.
El autor toma la palabra, como un afilado bisturí, para diseccionar cada historia, haciendo un exámen descriptivo donde nada queda oculto al lector. Nos cuenta diecinueve situaciones humanas, donde lo que importa es la topografía, la ubicación, la disposición, las formas, con visión dinámica y pragmática. Sin entrar en juicios de ningún tipo. En la más pura tradición costumbrista, del médico-narrador de historias como fueron Pío Baroja o Anton Chejov, grandes autores cuya literatura eran esos retratos (anatómicos) de personas sencillas, que privilegiadamente como médicos rurales pudieron conocer, los más oscuros secretos familiares, las dichas y las desdichas más humanas, Ahí es donde empieza el arte, extraer la belleza de lo que tenemos frente a nuestras narices cada día, hacer ameno lo cotidiano, elevar los sentimientos tratándolos, mimándolos inteligentemente,…eso es la literatura. La tragedia de la vida, entre el amor y el dolor, no hay mediocridad que valga.

Puedes solicitar el libro ya en tu librería habitual.
 
Desde el más absoluto respeto, Raúl Velasco nos relata en su “Anatomía de un espejo roto” historias raras de seres humanos, historias humanas de seres raros; historias que se apartan de lo habitual, de lo más frecuente en nuestra sociedad; comportamientos o ideas poco frecuentes; personajes primitivos, insensibles y despiadados; seres que sufren y temen; individuos que aparentan estar integrados, felices y adaptados; otros que sufren la agresividad y la insolidaridad; individuos responsables, racionales y productivos; personas tratadas, medicadas y estigmatizadas;…
Ante la triste y dura realidad del mundo moderno, la sociedad racionalista occidental excluye a quien no se ajusta a su sistema de valores morales o a sus valores e intereses pragmáticos, y lo proclama enfermo.

   Asombra la madurez con la que Raúl Velasco maneja el lenguaje pese a su juventud en una primera obra, ser culto sin caer en la pedantería, ser ameno sin caer en el sensacionalismo, ser poético sin caer en la frivolidad. Dueño y libre, no se somete a la moda actual para dar una impresión cómoda al lector de ser culto con un mínimo esfuerzo intelectual. En estos tiempos de infantilización de la cultura, donde el valor supremo es el entretenimiento, comete la temeridad de hacer una literatura adulta, ni adúltera,  ni adulterada. 
Y esto sólo puede ser obra de un loco. Un loco por el arte, por la literatura, por la belleza,…y por la vida. Y comprometido con la humanidad, generosamente, como un loco en estos tiempos que corren de exaltación del individualismo competitivo, violento e insolidario. Es otro de los valores añadidos de esta colección de cuentos. “Anatomía de un espejo roto” patenta la denuncia de la dictadura científica, brazo armado del poder establecido. La policía del pensamiento que identifica, separa y etiqueta lo raro. Lo personaliza, ocultando así la implicación del entorno en la problemática del individuo. Cuando hablamos de rareza, lo raro debe aparecer siempre en relación con una población de objetos, se tratará del objeto distinto. Pero si al raro lo llaman enfermo, en ese momento deja de hacer referencia la población en relación a la que adquiere el epíteto de raro. Individualizando el problema de forma espúrea y artificial, separando el problema de gran parte de su causa, exculpando al sistema social, ya que es lo bueno, lo normal. Lo racional es la ciencia creada por la comunidad científica y admirada por el resto de la sociedad, y lo irracional es exclusivamente el enfermo, el loco. El objetivo de la etiqueta “enfermo mental” es la exculpación  completa de la sociedad en la génesis y sostenimiento de los problemas de las personas raras en este sistema social.
   Muestra de ese compromiso con la causa de la humanidad y la libertad, es que lejos de ufanarse por su anhelado bautismo oficial como escritor, con la publicación en papel de una obra parida de su ingenio, compartiendo estante con otras más o menos universales, en bibliotecas y librerías, el primer paso hacia la inmortalidad…  humildemente, pero en un elegante gesto de clase, se nos presenta todavía en transición. Al parecer no es persona que le guste dejar a medias lo que empieza. Esto es, una lucha contra la violencia y el abuso que se ejerce “científicamente” sobre las personas excluidas del sistema, por sensibles, débiles, inadaptados,..por ser personas. Si bien como esquizofrénico su lucha fue por estar ahí, a bordo de su vida, ya convencido de que eso no pueden cambiarlo, pues la libertad nace de lo más íntimo, allá donde nunca llegará los psicofármacos. Y desde la experiencia, civilizada y dialécticamente, hacer esa lucha colectiva, en cruzada hacia un cambio de paradigma en el trato de esta problemática. Es por lo que le honra el gesto de considerarse escritofrénico, como santo y seña de un escritor que no abandona la lucha, una especie que parecía en extinción: el intelectual comprometido. Y es que hay demasiados necios dispuestos a hacer pedagogía con tu miseria, o a culparte por lo que no hiciste para que les agradezcas lo que no mereces
   Esto es lo que vais a encontrar entre las páginas de esta “Anatomía de un espejo roto”. Uno de aquellos libros que tiene la virtud de poderse leer en cualquier orden, directo en una primera lectura, pero con esa densidad que da para una segunda, una tercera lectura,…donde descubriréis otras realidades, malabarismos emocionales, vidas tan ajenas como enajenadas, todo aquello de esta vida que no tiene nada que ver con la tuya. Aunque, ¿quién sabe? puede que alguno de estos pedazos, contenga encerrado, algún reflejo de tu vida, de ese fututo que temes, de ese pasado del que te arrepientes….son cosas que pasan por ser humanos, nada más.
      Como dijo un lacaniano :“Sólo los idiotas creen en la realidad del mundo, lo real es inmundo y hay que soportarlo”. (Jacques Lacan)



 Reseña realizada por Joan García (Filósofo)

martes, 17 de abril de 2012

...ni enfermedad mental ni locura

Hace unas semanas os preguntábamos (nos preguntábamos) en una de nuestras entradas por la terminología que considerabais más correcta y menos estigmatizante a la hora de refererirnos a las personas afectadas.
Dejamos colgada una encuesta en nuestra página de Facebook (Proyecto Saltando Muros) y ¡oh, sorpresa! tal y como cantaba "El Barrio": ... ni locura ni enfermos mentales...

 
Gracias por participar ;)


 Curiosamente los términos "Enfermo Mental" y "Loco" no fueron apoyados por nadie.

"Persona con problemas de Salud Mental" y "Persona cuya mente funciona de forma diferente a la de la mayoría" son, por ahora, las opciones con más apoyos (la encuesta seguirá abierta un tiempo más).
Pero además de esta pequeña sorpresa nos quedamos con algunos de los comentarios que se han ido realizando en este blog, así como en el facebook, al respecto:

"Es difícil decir "yo estuve enfermo mental", pero se puede entender el "yo estuve loco".
Loco, yo prefiero estar loco que ser enfermo mental, prefiero tratar con locos que tratar a enfermos mentales, prefiero la gente que hace locuras a las que hacen "actos propios de un enfermo mental"
Saludo
" (Miguel)

"Hola. Yo soy usuario de U.R.S.M Macarena ante todo soy una persona a la cual no le gustan las etiquetas,actualmente busco empleo y lo hago de la manera más natural y normal como cualquier otra persona.
Somos que lo que somos, personas, y queremos ser tratados como tal.
Yo simplemente tengo una enfermedad que necesita un tratamiento
" (usuario URSM Virgen Macarena) otros amigos también iban por aquí en sus comentarios en el Facebook menos "etiquetas" más "personas"...así Virginia Robayna nos comentaba "¿Y si en lugar de centrarnos en ponerle una etiqueta al paciente nos centramos en la enfermedad? Porque los enfermos físicos no tienen un nombre específico. Depresión, esquizofrenia, trastornos alimentarios, ¿por qué cosas tan distintas se meten en el mismo saco? ¿Y por qué una enfermedad debe definirnos? Se tiene un problema de salud, no se es un trastorno, sino un ser humano."

También se destacaba la importancia de la formación y la información:
"Desde luego el estigma radica en la ignorancia y la falta de reconocimiento del problema... Indispensables son formacion e informacion de/y a profesionales cualificados y a las familias y allegados de pacientes... " (Vicente Rubio) y también en esta línea Irantzu G. señalaba "pienso que todo término terminará teniendo la misma carga negativa mientras no haya un conocimiento mayor, una mejor educación, entre la población general... quitando miedos, prejuicios, y añadiendo cercanía. Mientras eso no esté, tristemente pienso que dará "igual" usar un término que otro :( "

Almudena Calvo (una luchadora nikosiana con la que nos alegra habernos reencontrado) nos indica: "La cuestión semántica siempre es polémica. Tengo claro que prefiero trastorno a enfermedad y que me gusta más "loco", cuando es bien utilizado. (...)."

El siempre interesante Pere nos dejaba esta reflexión: "Tú, ¿qué prefieres, estar loco de amor o que un virus te inocule esa enfermedad llamada amor? ¿y para tu pareja?" (Pere)

No me resisto a compartir las reflexiones de un admirado compañero quien desarrolló su tesis en torno a estas cuestiones, el enfermero Dr. Germán Pacheco Borrella, vertidas en un artículo titulado "¿Cómo se nombra a quien padece un trastorno mental?"
 
Y tú... ¿qué opinas?

César M. Estévez (Enfermero especialista de Salud Mental)

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