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jueves, 9 de mayo de 2013

En Positivo: Michael Angelakos, lider de Passion Pit

Michael Angelakos es un joven que padece un trastorno mental grave. Trastorno que incluso le había llevado a intentar suicidarse varias veces, teniendo que ser ingresado en diversas ocasiones.
Pero Michael no ha dejado de luchar y con un correcto abordaje terapéutico y el fundamental apoyo de su familia (especialmente de su mujer) y su pasión por su trabajo (auténtica tabla de salvación y válvula de escape, según sus propias palabras) ha conseguido recuperarse y ahora se le reconoce como ejemplo de superación y ejemplo antiestigma a nivel internacional.

Michael es el vocalista y líder de una banda de pop/rock americana llamada Passion Pit, recientemente nº1 en las listas musicales de la mayoría de los países anglosajones. Y no ha dudado en dar la cara y exponer a sus fans (mayoritariamente jóvenes) su lucha y los problemas derivados de su trastorno y del estigma que lo envuelve.




Por ello la iniciativa "Erasing the stigma" lo ha premiado recientemente. En el comunicado se reconoce la importancia de ofrecer “una cara positiva sobre la enfermedad mental”: “Michael Angelakos mostró a millones de fans que recibir tratamiento no es nada de lo que avergonzarse y que la honestidad no arruina la carrera de nadie”.

El líder de Passion Pit habla en el vídeo de su desorden bipolar y de cómo al principio mucha gente pensaba que tenía un problema con el alcohol. También habla de cómo la gente pensaba que no podría realizar una gira nunca más y terminó actuando en el Madison Square Garden lleno hasta la bandera. Al final ofrece un discurso hablando sobre su recuperación y dedica unas palabras especiales a su esposa, “la mejor medicina” que ha probado.



En la gala, Angelakos dice:

    
"Gossamer, que es nuestro segundo álbum de estudio de larga duración, se basa en un episodio maníaco que tuve hace algunos veranos. Es un poco acerca de mis experiencias y el conocimiento acumulado de lo que ocurrió durante ese período. Creo que lo que es más interesante es hablar honestamente a la gente de la salud mental - de lo que las personas tenemos que lidiar con eso, las personas han de saber que se debe ayudar para poder salir de todo ello."


 También analiza el valor de hablar abiertamente sobre la enfermedad mental con sus fans:
    
"No veo ninguna razón por la que debería tener que ocultar que tengo un trastorno bipolar... Quiero mostrarle a la gente que puede hacer lo que yo hago, que puede vivir su vida, que puede hacer prácticamente todo, pero sólo después de que tome el cuidado de sí mismo. Hace siete meses que dijeron que nunca podría hacer una gira otra vez, y sin embargo luego dimos un concierto en el Madison Square Garden. No tienes ni idea, quiero decir... lloré. Sólo pude ir detrás del escenario y lloré. " 


Angelakos continúa explicando sus experiencias con su música:
    "
Este disco de alguna manera toma todo ese dolor, toda esa agonía, y lo convierte en algo que cuando tocamos en directo, suena como la cosa más feliz de la Tierra ... No creo que haya nada más hermoso que tomar el dolor y la ira y la confusión que la vida nos puede llegar a dar, y convertirlo en algo hermoso y divertido y atractivo ".

Fuente vía @afescanarias

César M. Estévez (Enfermero Especialista de Salud Mental)


miércoles, 12 de septiembre de 2012

Vuelve Radio Lunáticos!!

Nuestro amigo y colaborador, Enrique Glez. Camacho, nos comunica que en breve y dentro de la programación de la cadena de radio Onda CIT en el programa UNIVERSO SOLIDARIO de Carlos del Toro reiniciará sus colaboraciones de 16 a 17h con el espacio RADIO LUNÁTICOS de la mano de la Fundación En Pié.


Recordamos los diales en Tenerife y la web de la radio desde donde también podrás escucharla http://ondacit.com/ :

101.5 S/C de Tfe
95.2 La Laguna
89.8 Tfe. Norte
106.6 Tfe. Sur
97.3 Valle de Güimar
102.4 La Gomera

Suerte nuevamente con el proyecto!!

César M. Estévez (Enfermero especialista de Salud Mental)

jueves, 9 de agosto de 2012

Capicúa (Blog "Esquizofrenia")

Dentro de nuestro capítulo de colaboraciones en la blogosfera hoy os presentamos a Misha*, una joven estudiante mexicana, apasionada de las letras y fantástica escritora que tiene un blog francamente recomendable llamado "Esquizofrenia" donde nos habla de su vida y de cómo lucha con coraje por convivir con las voces que en ocasiones la aislan y atormentan.
Misha, al menos en su blog, es todo luz, transmite e irradia sinceridad, hasta en los momentos más oscuros. Y tras haber contactado con ella ha tenido la amabilidad de escribirnos un texto para nuestro blog.

César M. Estévez

CAPICÚA



Siempre me ha gustado pedir deseos. La clase de deseos casi  imposibles, claro está; ser más alta, más lista, más bonita y todas esas patrañas que las personas necesitan para ser felices. Nunca busqué estrellas fugaces, sobre el manto de contaminación que cubre nuestras noches nunca he visto más de cuatro o cinco estrellas. Mis deseos siempre dependían del azar. Si pasaban cuatro autos rojos seguidos sacaría diez en mi examen de matemáticas, o si lograba hacer dos parados de manos en gimnasia no reprobaría inglés, a la fecha continúo haciendo eso. Me da alguna clase de seguridad dejar las cosas a la suerte, por extraño que suene, siento que me deslindo de cierta responsabilidad. Por eso, cuando descubrí las capicúas, sentí que había encontrado algo justo para mí. La certeza de que siempre  llegará  una hora que no variaría de al leerse de izquierda a derecha o de derecha a izquierda, contra el azar de estar a tiempo para presenciarlo. 11:11, un número mágico, indicado para pedir deseos.
Si bien mis primeros deseos llevaban aquella pizca de azar y aquel mucho de dedicación propia, los deseos que pido ahora están muy lejos de lograrse. Ya no es asunto de la consagración que ponga o no a conseguir lo que quiero, no. Es un asunto que se me sale de las manos, que no controlo; no puedo quitármelo de encima aún si pasan noventa carros amarillos conducidos por payasos.  Cada capicúa que pasa deseo lo mismo, cada doce horas el reloj me da la oportunidad de pedir alguna clase de suerte y cada doce horas resulto en lo mismo. Deseo no estar enferma. A mis diecinueve años, –después de tres años y contando–, aún deseo con todas mis fuerzas no tener esquizofrenia.
Las capicúas son importantes para mí. Me es importante saber que, al menos, aún puedo elegir no querer esto. Hace poco escuché en la televisión que, para un psiquiatra, anunciarle a su paciente que tiene esquizofrenia, es el equivalente de un doctor dando el diagnóstico de cáncer. Nunca había caído una verdad tan grande sobre mi cabeza y, como todas las verdades que he afrontado en los últimos años, la manejé sola. Así son estas cosas, diría mi bisabuela. Así es esto de vivir con tu cruz, respondería mi bisabuelo. Lo cierto es que el psiquiatra, que –tras meses de consultas, formularios y estudios– me anunció la presencia de un cuadro psicótico, parecía haber tragado algo asqueroso. No recuerdo que me haya visto a los ojos. Yo recuerdo el piso, el cielo y la sensación de caída. Supongo que no es fácil decirlo y, por experiencia, menos fácil resulta asumirlo. La vida se convierte en algo casi normal. Es casi normal escuchar voces, casi normal no recordar como regresar a casa, casi normal asumir que todos te odian y es casi normal odiarme con todas mis fuerzas.
Me odio desde la punta de los dedos hasta la coronilla. Odio mi cuerpo, mi figura, mi complexión, mi expresión ausente, mis ojos sin brillo, mis labios caídos. Odio mis sarcasmos, mi inglés mal escrito y peor pronunciado, la manera en la que siempre me siento atacada, la ansiedad que me inunda a cada momento y el desapego que tengo hacia casi todo. Odio que mi voz nunca se escuche, pero odio más que se asemeje al ruido de algún ratón. Me aborrezco por mentirosa, son tantas las estupideces que he hecho y dicho que ahora tengo que encubrir una mentira con otra aún más grande. A veces me pregunto si voy a reventar con todo esto que me guardo. Odio no poder vivir una vida si no es a través de libros. Odio no saber ser leal. Odio tenerle miedo a todo. Odio la manera en que mi espalda siempre está encorvada, eso grita derrota y, lo peor es, que sí. Me siento derrotada. Odio a quien sea que me devuelve la mirada en el espejo cada mañana y que parece haberme robado algo. Veo mi vida pasar, se va alejando cada vez más, y no logro alcanzarla. Sencillamente  no estoy aquí.
No fue el diagnóstico lo que me arrancó de donde sea que estuviera sosteniéndome. Desde hacia mucho me tambaleaba, aquel día sólo fue la representación de un golpe de gracia. Nunca he logrado coincidir con las personas, siempre he sido terca y con mal genio. En mis primeros años de escuela tenía impulsos violentos, arañaba y mordía a mis compañeros. A la fecha me cuesta mucho controlar mis accesos de mal humor o de ira, golpeo paredes, araño mis brazos, entierro plumas en mis piernas, rasgo mis hombros con navajas. No es un acto de ‘mírenme, mírenme’, no es algo que controle. Muchas veces quiero detenerme, porque me duele, porque sé que es estúpido, porque ya no hay motivos para seguir molesta; pero sigo, sigo hasta que se me van las fuerzas, hasta que ya no siento ansias. Así es con todo; me obsesionan mis errores, mis fallos. Siempre regreso a buscar lo que sea que haya hecho mal esta vez, aunque no exista razón. Por las noches, cuando me siento desfallecer, se enciende una radio en mi cerebro. Voces, voces, voces. Conocidos y completos extraños comienzan a farfullar y vociferar en mi cabeza. Algunas cosas no tienen ningún sentido, otras me  preguntan por qué no hago nada bien, yo misma me lo pregunto.
Durante un tiempo, casi seis meses, veía una sombra con ojos rojos arrinconada en mi cuarto, observándome. Sí, lo sé, suena a película de miedo o alguna de esas cosas. Pero sólo éramos él y yo, él preguntando para qué vivir y yo respondiendo para qué morir. Ahora permanezco presionada por cosas que yo sola me invento, lo que sea para mantener mi cabeza ocupada; no me gusta estar sola. Al estar sola puedo rumiar sobre pequeñeces que, al ser recordadas, no parecen tan pequeñas. Si no tengo algo que hacer o alguien con quien hablar comienzo a sentirme ansiosa. Salir a la calle se ha vuelto un fastidio, a veces me olvido de como regresar a casa, cuál es la línea de metro que debo tomar o el autobús que debo abordar. A veces, sin más, exploto. Tiemblo, desconozco a las personas que me rodean, estrecho mis piernas y espero que al abrir los ojos todo haya vuelto a mejorar, pero no. Cuando logro calmarme no recuerdo que hice, que dije, que pasó.
Y esto sigue, sigue, sigue... Algo me carcome, me oxida. Por eso pido tantos deseos, por eso espero con devoción cada capicúa. Tal vez me llamen y digan que esto es un error, que es algo temporal. Cuando me dieron el diagnóstico me explicaron que esto iría en aumento por los siguientes cinco años y, que tras ese tiempo, bien podría mejorar o terminar en una clínica. Ya estuve en una clínica. Constantemente me pregunto cómo esto puede llegar a empeorar y, como por gracia divina, siempre me llevo alguna sorpresa nueva.
Mi familia lo ignora. Somos mi papá y yo, viviendo solos en una casa tan pequeña que nuestros problemas no caben y escapan por las ventanas. ¿Con qué cara se lo digo? Sabe que voy a ver a un doctor, pero no conoce la diferencia entre psiquiatra y psicólogo. Para él sólo es una excusa mía para no estar en casa. Mis dolores de cabeza son producto de tener dos gatos y estar respirando su pelo; mi ansiedad es producto de no hacer nada. Lo demás ha logrado no verlo, mucho tiene que ver con que casi nunca estemos juntos. Los medicamentos han sido un problema, pagarlos, conseguirlos, todo. Las consultas médicas implican gastos, el seguro médico no quería cubrirlos y, cuando aceptaron, fue tras casi un año en el que no tuve doctor. El día que decidieron internarme mi padre aceptó  apenas escuchando de qué se trataba, para él sólo fue una de mis tantas ocurrencias, pero igual no tuvo que pagar.  Mi abuela me cuidó por mucho tiempo y, tal vez, fue ella la única en saber lo que me pasaba. Pero una mañana desperté para saber que había muerto y, así, terminar de morir con ella.
Entonces, así  he caído, a despertar y desear no tener esto. Si las personas escucharan sería un logro, pero no. Para ellos la esquizofrenia es estar loco y punto. Jamás se nos permite aquel papel humano en el que tenemos sentimientos y en el que la palabra ‘loco’ atraviesa como un cuchillo afilado. Tantas veces me han dado la espalda, tantas veces se han quedado en silencio y después  reído, esperando que sea broma.  Jamás se detienen a pensar en lo delicado que es no saber que será de ti mañana. No saber si despertarás y serás capaz de seguir con tu vida, pretendiendo que nada pasa. Pretendiendo que tu cerebro no se desgasta y nada de esto te afecta.  Y después prendes el televisor y la primera serie que sintonizas dice que ‘asesinó a su mejor amigo porque tenía esquizofrenia’, y te paralizas al pensar que bien podrías ser tú. A veces no sé que me afecta más, la enfermedad o todo lo que se espera de ella.
Esperan que vaya por las calles proclamando el fin, que tome un arma y asesine a todo un salón de clases, que me tire en un rincón, que me mate, que… Ya no sé que tanto esperan de esto. No sé si estoy o no predispuesta a pensar que algún día acabaré así. Hay días en los que no puedo salir de mi cuarto por miedo a lo que hay en el mundo y hay días en los que estoy perfecta hasta que algo, o alguien, me recuerda que se supone que debo ser un maldito monstruo. A esto se reduce la vida casi normal, a que los demás esperen lo peor de alguien que no controla lo que tiene. Yo no pedí esto, no lo busqué y jamás lo esperé. Ahora que lo vivo, ahora que atravieso esta línea de persona sana/persona enferma, ahora me cuestiono quienes son los monstruos. Nosotros, personas con algún trastorno mental que cada día despertamos dispuestos a combatir a nuestro peor enemigo, nosotros mismos, aún a sabiendas de que llevamos al batalla perdida de antemano. O ellos, personas sanas y vivaces, que no están dispuestas a escuchar que la razón deambula tras el camino de la locura. Es tan sencillo terminar así, tan sencillo dar un paso en falso y perder lo más valioso, lo más vital, perderte a ti mismo.
Despierto esperando ver zapatos diferentes bajo la cama, pero no es así. Sin embargo, amo la vida y amo los pequeños instantes de la misma, la amo más sólo por saber lo fácil que me puede ser arrancada ésta realidad. Cualquier día, sin previo aviso, puedo despertar y desconocer cada espacio, cada momento y cada recuerdo que me constituye. Entonces, ¿quién me va a tender su mano? ¿Quién va a olvidar todas esas capas de estereotipos para encontrarme, para encontrar que no soy un peligro? Supongo que es eso lo que más temo, lo que sea que viene después, cuando ya no puedo ser fuerte y tengo que afrontar que las personas son demasiado personas. Que temen demasiado a lo que no entienden. Sí, hoy me prometen una mano amiga, una compañía infalible, un pulso firme; pero mañana todo esto puede cambiar. Mañana puedo ver como se alejan, ¿a qué me atengo? ¿A quién espero? Tal vez por eso sigo creyendo en las capicúas, tal vez me espero a mí misma. Mi propia mano que me levante, antes de que alguna otra corriente me arrastre.
Son las 11:11. Cambiemos esto, cambiemos el deseo. Deseo, que por un momento, por un segundo, no pretendan entenderme. Jamás me van a entender, ni a mí ni a lo que me ha tocado llevar. Pero sí pueden comprender, comprender que lo último que necesito es creer que esto es mi culpa. Comprender lo útil que es que alguien te escuche, que alguien se detenga junto a ti a mitad del camino mientras tomas un descanso. Yo quiero terminar el camino lo mejor posible, pero creo que voy a tardar un buen rato y me es muy incierto a donde voy a llegar. Pero no puedo perderme, no tengo a dónde ir. 11:12. 
Texto escrito por Misha* del Blog Esquizofrenia (Publicado con su autorización)

jueves, 24 de mayo de 2012

Devin Townsend: otro ejemplo de recuperación

Hoy tengo el gusto de hablar de uno de los músicos que más me ha impactado e influenciado en mi manera de sentir la música: Devin Townsend. No hace mucho que le conozco, no fui un adolescente enganchado a su música. En 2009 estaba incluido en la programación de un festival veraniego en Clisson (Francia) y decidí escuchar su música antes de verle en directo. Para introduciros su interesantísima historia personal, aquí tenéis la primera canción que escuché de él:


Devin Townsend es un multiinstrumentista, compositor, cantante, productor y posee su propia discográfica independiente (HevyDevy). Como productor utiliza el “muro de sonido”, una técnica que le imprime volumen e impacto a su música. Como productor ha sido comparado con el archiconocido Phil Spector y con Frank Zappa. Y no se queda corto, como cantante destaca la versatilidad de registros vocales, desde el grito más enraizado en el Metal hasta el canto operístico. Su música es tremendamente variada, desde el Metal más extremo, pasando por Thrash Metal, Metal Progresivo, Punk Rock, Ambient, Noise, guiños a la música folk y Medio Oriente, hasta realizar discos de música electrónica y de New Age. Él siempre ha querido reflejar parte de su personalidad y de sus conflictos en su música.



 En 1993 mandó su maqueta a unas cuantas discográficas y una de ellas le respondió con una oferta: ser el cantante de Steve Vai. Él no tenía ni idea de quien era ese tal Vai, ni la fama que tenía como virtuoso… Pasó de tocar en bandas de institutos a grabar un disco llamado “Sex and Religión”.

Después de las andanzas con Vai, realizó todo tipo de obras enmarcadas en los diferentes estilos que antes mencioné. Pero si nos tenemos que remontar a una fecha, sería 1997, momento en el que lanzó el álbum “City” en su banda de Metal Extremo, Strapping Young Lad. Siendo considerado por la revista Revolver como uno de los mejores discos de Metal de todos los tiempos. En ese mismo desarrolló su proyecto paralelo de rock progresivo. Ambos proyectos jugaron un papel muy importante en la expresión de sus emociones, las crisis simbolizadas en SYL y sus bonanzas cristalizadas en Devin Townsend.

Poco después de alcanzar su realización como músico, tuvo que ser ingresado en un psiquiátrico dónde le diagnosticaron de “Trastorno bipolar”. Así se refiere él mismo a su crisis: “Empecé a ver seres humanos aislados, unos trozos de carne rosa con base acuosa”, “formas de vida expulsando aire a través de sí mismos y haciendo unos ruidos que los otros trozos de carne parecían entender”. Estos síntomas psicóticos son lo que más sobresalen para él a la hora de describir lo que le pasó. Discutible o no el diagnóstico de Trastorno Bipolar, fue una experiencia que le cambió la vida. Una vez resuelta su crisis, en 1998 llevó a cabo un álbum influenciado por los musicales de Broadway: Infinity. Con una portada muy característica, grabó el disco siendo dos miembros, él y el batería Gene Hoglan. Sin duda, algo inusual en la música, indicativo de genialidad.

Siguió reflejando su personalidad, sus temores, sus deseos, sus estados de conciencia extremos y sus experiencias. En 2004 decidió interrumpir repentinamente su medicación, en este contexto, decidió expresarse como él sabía, a través de la música: “Como artista, para conseguir un nuevo hito, sentí la necesidad de explorar cosas y en ocasiones esa búsqueda te lleva a sitios que son un poco alocados” y “Alien no fue la excepción”. Años después se referiría a ésta como una obra impenetrable, la fuga de ideas no le dejó componer las letras, la megalomanía hizo que llenase hasta la saciedad las canciones de samplers con sonidos electrónico-industriales y coros. Actualmente llega a manifestar aversión, decepción y arrepentimiento acerca de lo sucedido en la época en la que grabó el disco, fue una experiencia que le hizo tocar fondo.


En 2006 nace su primer hijo con él se producen cambios: “tener un hijo me ha hecho darme cuenta de muchas cosas y darme paciencia”. Decide dejar de beber y fumar marihuana. Cierra su dicotomía musical, disuelve Strapping Young Lad (por representar la parte indeseada de él) y se centra en su proyecto homónimo: Devin Townsend. Realiza un álbum conceptual llamado “Ziltoid: The Omniscient”, un álbum conceptual que trata de la invasión de un alienígena a La Tierra para encontrar la quintaesencia materializada en una taza de café.

Posteriormente se toma un hiato de dos años para disfrutar de su mujer y de su hijo. Se corta las rastas, sigue abstinente, el cambio de vida era irreversible, según sus palabras: “dejé atrás el caos y la paranoia”. “Empecé la conquista de la persona que realmente quiero ser”. “Han sido años duros de abstinencia y mi mente todavía sigue asustada”.


Actualmente está otra vez en la carretera, cuatro discos bajo el brazo, cada uno con estilos musicales diferentes y que reflejan las facetas de él. Tiene una personalidad extravagante, tiene una adicción severa al trabajo, tiene una mente brillante y una familia a la que siente unido y que le ha ayudado a realizarse como persona. Sin duda, un ejemplo dentro del modelo de recuperación que este blog intenta trasmitir.





Texto escrito por Borja Esteso Orduña (Psicólogo Interno Residente).

domingo, 20 de mayo de 2012

Sueño igual que tú. (Documental completo)

"Sueño igual que tú", un documental de la Fundación Pública Andaluza para la Integración Social de Personas con Enfermedad Mental. FAISEM.

"Sueño Igual que tú", es un documental sobre la vida de las personas en Faisem. Durante 42 minutos nos presenta 5 historias cargadas de valor, lucha y superación.

El trabajo, el paso de una casa hogar a un piso, el deporte, el arte, la familia, el amor y los hijos, el afán por recuperarse, son los ejes de este documental que demuestra que personas con problemas de salud mental pueden vivir como cualquier otra, si cuentan con determinados apoyos.

Gente que ayuda, que cuida, que acompaña y personas como Milagros, Eva, Daniela, José Antonio y Manuel, que, pese a sus dificultades, Sueñan... igual que tú. Vale la pena verlo.



César M. Estévez (Enfermero Especialista de Salud Mental)

martes, 4 de octubre de 2011

Entrevista en Radio Aguere

Os dejamos con la entrevista que le realizaron este verano a Esther (coeditora de este blog) y Enrique (usuario y miembro destacado del Taller del blog) en Radio Aguere sobre los prejuicios en salud mental, la recuperación y el proyecto Saltando Muros.



Posted by César M. Estévez (coeditor del blog)

jueves, 17 de marzo de 2011

La Mujer-Precipicio (de Princesa Inca)

Princesa Inca
Princesa Inca (Cristina Martín) nació en Barcelona en 1979. Es jardinera y estudiante de Psicología en la Universidad de Barcelona, y ha participado en los colectivos poéticos MUPOCAT y Haloperidol Poesía. Colabora semanalmente en el programa La Ventana, de la Cadena Ser, y es miembro de la Asociación Sociocultural Radio Nikosia, que tiene como misión luchar contra la estigmatización de las enfermedades mentales en la sociedad. La mujer-precipicio es su primer libro de poemas. 


 Una reseña de nuestro admiradísimo Ricard Ruiz Garzón:
"Hacía meses que se la esperaba en los círculos vinculados a la salud mental, por fortuna cada vez más activos. Cristina Martín, conocida como Princesa Inca por sus intervenciones en Radio Nikosia y La ventana de la SER, verá por fin cómo su poemario La mujer-precipicio sale en marzo en Libros del Silencio. Violencia, sexo, belleza, sensibilidad y lucha sin cuartel contra el estigma de la “locura” se darán cita en él. La Princesa Inca es abismal, no se la pierdan."

Y otra de Jorge David Alonso:
"Los poemas de La mujer-precipicio son textos que salen directamente del corazón, llenos de lirismo, en los que habla a veces de la locura, pero no es el tema predominante. Son poemas siempre cercanos, que llegan al lector sin dificultad, que se resienten a veces de la forma y de falta de refinamiento, pero que, sin ninguna duda, dicen que aquí hay una poeta a quien le duele la vida, que sufre cada día, aunque lo intente ocultar con su carácter risueño y desprejuiciado."

El prólogo de Genma Nierga empieza con esta pregunta ¿Por qué queremos tanto a la Princesa? y nos habla de ella, de Cristina:
"Hay algo muy especial en Cristina, y hacer un retrato de esa persona singular y maravillosa no es nada sencillo. Su voz, su risa sonora, su elocuencia, sobre todo su verdad... son únicas.
Nadie escucha como ella, nadie mira como ella, nadie se interesa por la gente tan en serio como la Princesa Inca.
(...) ella lo cuestiona todo. Empezando por las cosas convencionales. A ella no le vale un «¿Qué tal, cómo estáis?».
Reconozco que en un primer momento tuve cierta prevención ante Cristina. «¿Por dónde me va a salir? Es una enferma mental», pensé. Tengo los mismos prejuicios que todo el mundo, y a todos hay cosas que nos dan miedo; palabras como locura que, de sólo pronunciarlas, nos dan pavor.
Pero Cristina me conquistó muy pronto. Porque sus palabras me llegan muy adentro.

Su vida ha sido dura, pero ella no es frágil. Tiene una terapia infalible: la risa. Cuando nos cuenta sus brotes, sus ingresos psiquiátricos, todas esas experiencias suyas tan dolorosas, logra desdramatizarlas porque es capaz de reírse de sí misma, y reírse a gusto, con carcajadas sonoras que la alivian a ella y me relajan a mí. Sus historias, sus reflexiones, sus palabras nunca vacías se han ido convirtiendo en un espacio imprescindible, no sólo de mi programa, sino también de mi vida.(...)"



Y para el que aún tenga dudas sobre la calidad del libro sólo una muestra:

El No-Lugar

Estoy allí.
Este allí no tiene nombre,
no giro por delante de nada.
Estoy allí,
en el No-lugar,
en un pozo,
sin pies ni subidas,
sin alteraciones del sueño.
Estoy allí,
en el No-lugar,
la locura.

Esperamos ansiosos poder tener en nuestras manos este más que interesante libro de la autora del poema "A Todos Ellos".

Entrevista en el País Semanal.

César M. Estévez (Enfermero Especialista en Salud Mental)

viernes, 10 de septiembre de 2010

El futbolista Fernando Torres "salta los muros" con nosotros

"Fernando Torres, el gran delantero del Liverpool y de la selección española de fútbol (Campeona del Mundo 2010) se ha sumado desinteresadamente a nuestra iniciativa y ha querido mostrar desde la distancia su apoyo al Proyecto Saltando Muros.

Resulta de gran importancia para los objetivos de proyectos como el nuestro que personalidades relevantes de la vida pública den la cara y apoyen a las personas que tienen problemas de salud mental. Ya en EE.UU. y Reino Unido hemos podido ver como en los últimos tiempos personas famosas del mundo del arte, cine o del deporte participan en campañas contra el estigma.


A través de Esther Sanz, Fernando ha conocido nuestro proyecto y ha querido aportar su granito de arena. Es quizás poco conocida la labor solidaria de Fernando Torres y desde aquí le agradecemos sinceramente su apoyo a nuestra iniciativa pro-salud mental y en lucha contra el estigma que padecen las personas afectadas por un problema de salud mental.

Gracias a Fernando Torres por "saltar los muros" con nosotros.

Escrito por César M. Estévez (Enfermero Especialista de Salud Mental)

domingo, 5 de septiembre de 2010

Elsa y Eduard Punset nos ayudan a "saltar los muros"

 

Elsa Punset es una polifacética mujer: según leemos en su biografía es Licenciada en Filosofía y Letras y Máster en Humanidades por la Universidad de Oxford, en Inglaterra, Máster de Periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid, estudió Composición en la Manhattan School of Music .... (y otras muchas cosas más). Sus ámbitos de interés se centran en la aplicación de la inteligencia emocional, la toma de decisiones y los procesos de aprendizaje en niños y adultos. Actualmente, es coordinadora y formadora del grupo de la Universidad Camilo José Cela que desarrolla la implementación de un programa pionero en España de aprendizaje social y emocional. Colabora de forma habitual en distintos medios de comunicación e imparte conferencias y talleres sobre inteligencia emocional en diversos ámbitos, sociales y educativos.  Ha publicado dos muy recomendables libros y colabora en la nueva temporada del programa "El Hormiguero" de Cuatro. Destacar también su inteligente y entusiasta uso de las TICs, especialmente los blogs y redes sociales; mediante estas herramientas viene estableciendo una red de conocimiento en los últimos años que se ven reflejados en diferentes proyectos: elsapunset.com, anochetuveunsueño, inocenciaradical ó Inteligencia Emocional, este último es el punto de encuentro con nuestro Proyecto Saltando Muros: nuestra compañera Esther Sanz se puso en contacto con ella y le explicó dicho proyecto y Elsa le propuso escribirlo en su blog. Aquí tenéis el resultado: Saltando Muros en Inteligencia emocional.

¡Gracias Elsa! 

 En cuanto a Eduard Punset casi no necesita presentación, aquí, para variar, diremos que es ... el padre de Elsa y ha tenido el enorme detalle de mencionarnos en su página de Facebook: La psicóloga Esther Sanz trabaja en el Área Externa de Salud Mental del Hospital Universitario de Canarias. Allí comenzó el sueño de luchar contra la estigmatización que sufren las personas diagnosticadas de enfermedades mentales graves. Ella nos cuenta su experiencia en el blog Inteligencia Emocional y Social. 

 Dichos apoyos han supuesto un pico de 1073 visitas a nuestro blog y un aumento en más del doble de las visitas diarias que veníamos recibiendo. Gracias a ambos por saltar los muros con nosotros y ayudarnos a que otros muchos se atrevan también a dar el salto.

 Escrito por César M. Estévez (Enfermero Especialista de Salud Mental)

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